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Hoy lunes 18 de abril de 2005

Homenaje al poeta Ramón Martínez Ocaranza en su 90 aniversario

FERNANDA NAVARRO

Querido Ramón:

A 10 años de tu centenario nos reunimos una vez más para recordarte. Firme en mi promesa de informarte anualmente del estado que guarda el mundo, de eso que alguna vez fue mundo y que ahora llaman globalización. Esta noche estamos aquí para celebrar tu obra poética, su resonancia y originalidad.

pagina 2Concuerdo con los críticos literarios que han afirmado que sencillamente eres inclasificable, que tu poesía no pertenece a ninguna escuela, generación o tendencia. Te yergues en trasgresor. La fuerza expresiva de tu palabra, incendiaria a veces, blasfema otras, le imprimen un acento inconfundible.

Y qué decir de tu sonoridad, esa peculiar manera de acentuar los versos, de fustigar la rima hasta alcanzar la chispa incendiada de la trasmigración ¡no de las almas, sino de las palabras... tan inigualable como el relincho de Rocinante! Es así como lograste crear lo increado, exactamente como Aristóteles designara a la poesis: dar a luz lo que antes no era, lo que antes no existía.

La poesía ­nadie lo duda­ es el corazón de todo lenguaje.

¡Y ante el asombro del Olimpo, recorriendo sustancias, adjetivos y estructuras, te pronunciaste contra los sustantivos que fijan y petrifican y en favor del verbo que corre, anima, vuela!

Bien supiste que la poesía puede inducir al sueño o a la locura y quien no ha conocido la locura no puede penetrar en las honduras del alma, donde hay palabras que buscan realidades desconocidas, para nombrarlas. Iniciados en los secretos del oficio, los poetas siguen los caminos de nostalgia.

Desde tu Elegía de los Tríangulos, tu metáfora se tornó desgarrada. Permíteme citar algunas, aisladas, fecundas y sonoras, nomás por el profundo placer que me ocasionan y que seguido repito en soliloquio:

Teoremas de sombras; trenes cargados de sollozos; lirios que crecen en candados; el quiebre de los crepúsculos; ¡A estrangular las sombras!

Y esta sabia máxima: "Cada quien muere como puede"; o cuando te preguntas: ¿Qué hacer frente a una prefabricada circunstancia? A lo cual contestas: "quemar las circunferencias". O ¿qué hacer cuando las objeciones se nos mueren en los brazos? ¡Silencio! La poesía llora conceptos sumergidos y encuentra su significado en el silencio, prístina fuente de todos ellos. ¡La más contundente de todas las metáforas, el silencio!

Y aquel sabio consejo: "Saber que hay tiempo de llorar y tiempo de patear el llanto"; o cuando le cantas loas a la belleza y pujanza de la naturaleza y dices: "Ni mil tanquetas pueden oponerse al crecimiento de una hoja."

Aunque no sé qué te responderían los iraquíes, para lo cual ­como dices­ "es preciso pedir cuentas a los dioses" pues ahí no sólo lloran los geranios sino los huérfanos, los mutilados y la desolación en vida.

Urge hoy más que nunca un nuevo alfabeto, nuevas formas de deletrear el mundo, un nuevo nominalismo que confiera existencia a través de la palabra, de la poesía. Un lenguaje capaz de desentrañar los misterios de las tinieblas que tienen a este universo secuestrado.

¡Nos haces falta, Ramón! Pues es a la creación poética y artística a lo que debemos voltear la cara para encontrar una salida.