Primera
Contraportada
Opinión
Cartas
Política
Cultura
Finanzas
Municipios
Sociedad
Deportes
Vuelta de Hoja
Correo Electrónico
Archivo
La Jornada México
La Jornada de Oriente
La Jornada Morelos
La Jornada San Luis
Hoy martes 25 de octubre de 2005

AL GRITO DE VODKA PARA LA GARGANTA, VERTIGINOSO Y DELIRANTE RECORRIDO POR EL UNIVERSO MUSICAL HUNGARO

De Budapest para América... Klezmer Band

En las extensiones cervantinas, el grupo presentó Kiköto, su última producción discográfica

CARLOS F. MARQUEZ

Una vez más el 33 Festival Internacional Cervantino se hace presente en Morelia, en esta ocasión gracias a la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo que presentó en el auditorio Samuel Ramos la ecléctica propuesta musical de Klezmer Band, agrupación procedente de Budapest, que ofreció un vertiginoso y delirante recorrido por el universo musical de Hungría, Europa Central y Occidental, en una perfecta fusión con los ritmos populares modernos.

"Buenas noches señores, señoras y señoritas, desde Budapest, Hungría, Europa Central, ¡Klezmer Band!", con estas palabras proferidas en un esforzado español, István Bata, el guitarrista y trompetista de la agrupación saludaba a un público de lo más variado, que de manera prematura se entregó a la desbordante alegría de estos músicos que hicieron suyo el escenario con locura y verdadero talento musical.

Klezmer Band, que lleva por apellido ¡La v Vodka glotku! (¡Vodka para la garganta!), es ante todo un grupo con imponente personalidad sobre la escena, donde unifican al continente europeo a su manera, fusionando sin la menor fractura la melancolía de la canción gitana con el fervor de los ritmos húngaros y sutiles tintes del jazz norteamericano.

El violinista Arpad Szabo mantiene con virtuosismo la raíz del folclor húngaro en una melodía orgiástica de notas agudas y graves, a la cual se suma el sui generis clarinete de Julia Nedeczky, que unas veces evoca el arrebato del jazz y otras tantas escribe sensuales arabescos en el aire, mientras István Bata en la guitarra se torna frenético, gesticula delirante y da vida a juegos verbales que aunque está en húngaro entenderlos, fonéticamente son una delicia.

La identificación con el público fue inmediata, porque la alegría de los húngaros es tan similar a la de los latinos que se desborda en la música y el baile, que resultaba difícil ser indiferente a la descarga de energía de Klezmer Band y más difícil resultaba para muchos contener las ganas de bailar.

La banda húngara presentó en este concierto canciones de su última producción discográfica, Kiköto (El puerto), título con el que hacen referencia a la naturaleza multicultural de la música y las ciudades portuarias.

Klezmer Band hizo alarde de sincronía, pulcritud técnica y un amplio bagaje musical que nos condujo en el desbocado corcel de su ritmo a través de las manifestaciones musicales de los Balcanes y las melodías populares de Bélgica, todas ellas interpretadas con un sello muy personal.

El ánimo fiestero y la sonoridad embriagante de los originarios de Budapest encuentran su máxima expresión en canciones como El diablo se esconde en el violín, la cual nos permite ver la precisión del grupo al fusionar los universos sonoros de distintos pueblos, el violín mantiene lo húngaro en notas lánguidas que estallan en corcheas de manera abrupta, mientras el bajista, en su actitud de metalero toca un ritmo funky y la batería se torna rapera por momentos para contrastar con el sonido reggae de la guitarra, semejante mezcla no pudiera ser posible sin la gran capacidad de ensamble que tiene la banda.

Una de las maravillas de esta banda no sólo es la convergencia de ritmos tan distintos entre si, sino el diálogo que logran establecer entre la música de distintos tiempos, dándole a su propuesta musical un matiz de intemporalidad envidiable, dando gusto tanto a los chavos amantes del Ska, como a los amantes de la que se ha dado en llamar música del mundo, así de radicales son estos músicos húngaros, así de compleja es la Klezmer band, ¡La v Vodka glotku!