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Más allá del espíritu libre Jornada Universitaria Tanto en la religión como en la política, el fanatismo significa carencia de racionalidad al imponerse la pasión. En ambientes masivos es muy perjudicial, pues la masa no piensa, reacciona Quiero evocar en este ejercicio sobre fanatismo, dos películas que siendo muy distintas en su planteamiento y la historia que nos cuentan, resultan aleccionadoras de cómo el hombre, en su tránsito como animal social suele actuar ante dos situaciones particulares. Otros, en su lugar, quizás hubieran optado por insistir en su postura original negando los hechos y unos más, cegados a todo estímulo exterior, tratarían de hacer pasar lo evidente como argumentos de su posición ante los hechos o bien, cuando la realidad insiste en mostrar el error, le oponen un rechazo que clausura el debate y la confrontación. A esta "antifacultad" humana es lo que podríamos calificar como la esencia del fanatismo, que consiste en una especie de "blindaje" que de alguna manera aniquila los sentidos y la razón: mientras la realidad nos aporta cierto tipo de información, no vemos, no oímos, no percibimos. Esta "antifacultad" es común encontrarla en los distintos modos de fanatismo, desde los, en apariencia, inocentes clubes de "fans" del artista de moda, hasta las organizaciones, muchas de ellas clandestinas, constituidas como sectas religiosas o políticas. En este sentido, el fanatismo actúa como un elemento identitario o de pertenencia a un grupo. Dos elementos que suelen ser identificados como necesidades psicológicas de la persona: de esta manera ser fanático de un rockero, de un jugador, de un equipo de fútbol, etc., nos aporta en efecto un sentido de pertenencia que para muchos es mejor que el anonimato o la segregación; el fanatismo religioso, más allá de autoproclamarse "guadalupano hasta cachas", puede originar comportamientos que atentan contra los demás o contra uno mismo. No se puede explicar de otra manera, el fanatismo fundamentalista que está detrás de los ataques del 11 de septiembre a las torres gemelas. Sobre "Intolerancia", de Griffith se ha escrito mucho, pero el punto medular de la posición del director es mostrar cómo el hombre, a lo largo de la historia, se ha mostrado intolerante ante los demás, argumentando que justamente el juicio y sentencia de Jesucristo, estuvo revestido de un manto de intolerancia. Entonces el fanatismo se convierte en un manto muy similar al de la intolerancia, que limita la libertad para hacer o decir cosas; empobrece nuestro ejercicio psíquico de raciocinio; limita la comunicación y el contacto con los demás, con los que no comparten nuestros fundamentos; limita en muy alto grado la autocrítica y el afán de superación personal; el fanático también autolimita su capacidad para apreciar todos los matices que la vida en sociedad nos ofrece y en el peor de los casos, condiciona un menosprecio por la dignidad de los demás al considerárseles, por los fanáticos, como personas carentes de todo sentido de veracidad, es decir, indefensos seres que viven en el "error", paradójicamente. Cuando se habla de fanatismo, es común identificarlo con el religioso y lo calificamos condenándolo. Es fácil o cómodo señalar a alguien como "fanático religioso", simplemente porque aquel ejerce su derecho de profesar una creencia y no reparamos en que existe una diferencia entre creyente y fanático. No ocurre lo mismo, a pesar de que se mueve en la misma esfera de las ideas, con los fanatismos políticos. De esos nadie habla, muy a pesar que también suelen darse los fundamentalismos e intolerancias igual de dañinas como se le quiere hacer ver a la arista religiosa. La historia da cuenta de hechos trágicos para una persona, una familia, una comunidad o un país, derivados de acciones emprendidas desde el fanatismo. Una de las explicaciones que dan los psicólogos es que cuando nos enfrentamos a una situación crítica, problemática, tenemos que procesos de raciocinio en la búsqueda de posibilidades, sopesar éstas; calcular los factores que pueden intervenir; mirar el problema desde diversos ángulos, etcétera y eso provoca incertidumbre, inseguridad y temor. Con el fanatismo se elimina al cien por ciento esa incertidumbre, al condicionar la formulación de una solución rápida, contundente y eficaz; este ahorro de energía psíquica permite elaborar una serie de valoraciones que funcionan bien para su estado y en ellos se enquista. Tanto en el campo de la religión como en el político, el fanatismo significa carencia de racionalidad, al imponerse la pasión. En esos ambientes los fanatismos son siempre perjudiciales, puesto que revelan un desequilibrio de la persona; esto, incluso, puede ser "contagiado" en ambientes masivos como estadios, grandes auditorios, etc., la masa no piensa, sólo reacciona. Más allá del espíritu
libre, en realidad el fanatismo es la pasión por una "nada". Uno
puede enfermarse, envejecer prematuramente, ver su familia destruida por
ello; no importa: jamás los datos reales lograran vencer la fuerza
de la nada. | ||
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