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El Cuerpo en la Pupila Alejandra Olvera Rabadán ¿Qué es el cuerpo? Esta es una pregunta fundamental que todo bailarín debe hacerse, si no desea ser un mero reproductor o artesano de la danza. El concepto que se tenga de cuerpo, va a permear todos los aspectos de la praxis de la danza , así como la obra que de ella surja, pero la singularidad de esta pregunta radica en que la respuesta implica una determinación del ser mismo del bailarín. Si el cuerpo es entendido como un instrumento, el proceso de resignificación que se da en la danza se enfoca en cuestiones que rodean al cuerpo, pero que no le atañen directamente. En estos casos se altera aquello para lo que ese cuerpo-instrumento sirve, sin alterar su alejamiento del ser del bailarín. Así, nos topamos con el cuerpo entendido como un canal de comunicación entre el bailarín, que se supone distinto de su cuerpo, y el público; o como medio a través de cual el coreógrafo-dictador crea su obra y se comunica con el espectador; o peor aún, como un instrumento que permite a la danza manifestarse. La trillada frase que describe al bailarín como entregado a la obra pone en evidencia la tendencia a hacer desaparecer el ser del bailarín para situar en su lugar la obra. La idea de la entrega implica un abandono de sí, el cual solo puede darse si se entiende al cuerpo como un instrumento. A pesar de que esta concepción instrumental del cuerpo está todavía muy difundida, hace algunas décadas ya ha comenzado a plantearse en la danza una visión muy distinta del cuerpo. En ella, al retomar la pregunta sobre qué es el cuerpo, se produce el reconocimiento del extrañamiento que implica el delegar la responsabilidad de la conformación del cuerpo a la cultura. El bailarín reconoce que su cuerpo es parte de su ser y no un objeto instrumental. Esto le permite asumir a plena conciencia la tarea de la conformación de su cuerpo, relativizando las determinaciones culturales que pesan sobre él. No se está planteando que el cuerpo recuperado por el bailarín vaya a salir del ámbito cultural, sino que es precisamente la recuperación del cuerpo lo que le va a permitir abrir la posibilidad de nuevas conformaciones la cultura misma. La creación no comienza en la obra, sino en el cuerpo mismo que es creado por el bailarín que se autodefine. Debido a esto, la obra pierde ese carácter de venerable y la atención se centra en el bailarín. Los coreógrafos dejan de ser dictadores y asumen el cuerpo de sus bailarines, no como material sobre el cual se crea la obra, sino como la creación misma, la cual no reposa en ellos solamente, sino que necesariamente incluye al bailarín como ser creador y creado. Podríamos analizar como todas las prácticas concretas de la danza se transforman a partir de la idea de que el cuerpo es parte del ser del bailarín y no es más un instrumento, pero ¿qué dejaríamos para más adelante? | ||
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