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Hoy miércoles 7 de diciembre de 2005

El voto, un verdadero fracaso

GONZALO BADILLO MORENO

Sin temor a equivocarme, estoy seguro que podemos decir, antes de ver concluido el proceso electoral de julio del próximo año con la elección de presidente de los Estados Unidos Mexicanos, que la realización del voto en el exterior es un verdadero fracaso para los detractores antidemocráticos, que han hecho apología en contra de que se extiendan los derechos electorales a los mexicanos en extranjero.

Los que en vergonzante situación van a quedar son intelectuales, académicos y políticos, que siguen empeñados en fabricar argumentos contra el único avance en materia de derechos políticos para los mexicanos en el exterior. Son los que festejan cuando se leen entre ellos que hubiese salido más barato traer a los migrantes en avión a votar y darles un paseo por Acapulco, y no reflexionan que en México se gastará en campañas electorales en 2006 más de lo que se eroga en desarrollo social en un año.

Entre ellos se encuentran algunos migrantes que querían todo de un jalón, sin entender hasta la fecha que lo que se aprobó en el H. Congreso de la Unión fue lo que se pudo lograr con las propuestas, apoyo social y cabildeo en las distintas cámaras del Congreso y en el Poder Ejecutivo federal durante casi un siglo. Y que los procesos democráticos que se han vivido en nuestro país se han construido de manera progresiva con la participación de las diversas fuerzas políticas.

Lo que se demuestra día con día es que el voto en el extranjero está contribuyendo al perfeccionamiento de la democracia electoral mexicana. Después de las primeras semanas del voto fuera del territorio nacional, nos permite reflexionar sobre la necesidad de hacer más ágil el proceso de credecialización en México, concientizar a los potenciales electores, disminuir el entramado burocrático en el Instituto Federa Electoral para hacer eficientes las decisiones fundamentales como la promoción y difusión, entre otros.

Aprenderemos a no tenerle miedo a las tecnologías aplicadas a los procesos electorales, a que el IFE realice de manera permanente estudios sobre realización técnica de los procesos, hacer las cosas con mayor tiempo, para que el Congreso de la Unión no legisle a la mera hora, como en ocasiones acostumbra. También sirve para cambiar la cultura política mexicana en relación con la democracia.

Recuerdo que muchos anti-voto, como los de ahora, pensaban que se violaría la soberanía mexicana, que votarían millones decidiendo desde afuera del país el destino de México, que los paisanos serían manipulados por las fuerzas económicas y financieras de Estados Unidos y que los migrantes no tienen por qué sufragar si son unos traidores que abandonaron su país y a su pueblo.

Esos fracasados antivoto son los que creen en la democracia y no piensan en la democracia, los que se sienten letrados y no recuerdan la frase célebre de los años 80 de Norberto Bobbio cuando dijo: que es mejor la peor democracia que la mejor dictadura. Que no entendieron que en México en el año 2000 se vivió un cambio de régimen y hace falta abandonar los postulados del antiguo y consolidar la transición que mucha falta le hace a nuestro país.

Espero que esos intelectuales, políticos y académicos, entre otros, no sean aves de mal agüero del autoritarismo del que México tiene que desprenderse.

El proceso electoral en el extranjero no es una aventura, es una enseñanza para todos de la cual, estoy seguro, se tendrá que legislar para construir un modelo que permita perfeccionarse progresivamente, que parte de la realidad y del aprendizaje que nos da la experiencia.

Los fracasados, los que se opusieron al voto de las mujeres, al voto de los desposeídos, al voto de los jóvenes y al voto en el extranjero, seguirán siendo eso porque están convencidos de ello; sin embargo, respeto y defiendo su derecho a querer serlo y, haciendo lo propio, estoy convencido de que el voto de los mexicanos en el extranjero es un logro para la democracia de nuestro país, contribuirá a su consolidación y le da a México calidad moral para defender a su pueblo ante cualquier gobierno del mundo.