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Hoy lunes 26 de diciembre de 2005
LA RIQUEZA MUSICAL DE LA REGION ES PARTE DE LA EXPRESION DE LA RELIGIOSIDAD
La pastorela purépecha, portadora de la exquisita lírica colonial

Sus personajes revelan la complejidad de la cosmovisión del mundo indígena

Segunda y última

CARLOS F. MARQUEZ

Después del desvelo de la Noche Buena y el merecido reposo del día de ayer, retomamos nuestro esbozo de las pastorelas purépechas. En la primera parte, el promotor cultural Juan Bautista nos condujo a través de las celebraciones y formas de organización que hay en torno a estos actos teatrales. En esta segunda y última parte nos abocaremos a los elementos internos de estas pastorelas, es decir, a los personajes y la música que animan esta celebración alegórica de la natividad de Cristo.

pastorela 02Como referimos en la publicación pasada, los personajes de la pastorela son los luzbeles, rancheros, ángeles, pastores y ermitaños, entre otros.

Los pastores son representados generalmente por niños y niñas que sostienen un diálogo en torno a diferentes sucesos de su vida cotidiana, para después ponerse de acuerdo e ir a visitar al Niño Dios en su pesebre. Las mujeres llevan un vestido de terciopelo del color de su preferencia y los hombres llevan saco y pantalón de satín; ambos portan sombreros adornados con flores de lienzo o papel y listones de diferentes colores. Las mujeres portan canastas pequeñas en las que llevan como ofrenda gorditas de maíz, mejor conocidas como de "horno", y yurucurindas o tortillas de maíz recién cosechado con piloncillo.

Según referencias de Juan Bautista, el personaje del ermitaño se deriva de una creencia popular sustentada en las visiones de un hombre que porta un vestido de zacate del mismo cerro y que se la pasa leyendo la Biblia, y agrega que este personaje sólo puede ser interpretado por la gente buena que no haya tenido malos pensamientos y que siempre se haya comportado de manera sana.

El papel del ermitaño en las pastorelas es cuidar el orden, por eso lleva siempre un chicote para reprender al que altere el buen curso de la representación. Su indumentaria es una túnica en color gris con capucha y porta una máscara de viejo barbado. Lleva en las manos un libro viejo que representa la Biblia y en algunos momentos del montaje lee con parsimonia.

En las pastorelas purépechas generalmente aparecen tres ángeles que representan a Miguel, Rafael y Gabriel. Visten de blanco simbolizando la pureza y el bien, además de que portan una espada con la que han de vencer al nefando Luzbel.

Paradójicamente, el personaje de Luzbel es quizás el más importante en las pastorelas purépechas, por el lirismo de sus libretos, la fuerza expresiva de sus diálogos y la dificultad que representa para los actores.

Según referencias de Juan Bautista, son siete los luzbeles que forman parte de estos actos teatrales. Destacó que en la región de la Sierra llevan el nombre de los siete pecados capitales, mientras que en la Cañada de los Once Pueblos, particularmente en Paracho, responden a los motes de: Luzbel, Pecado, Astucia, Osmodeo, Avaricia, Envidia y Satán.

Hay un Luzbel principal que se siente herido y triste al darse cuenta de que ha nacido un Dios Divino. Debido a la profunda carga sentimental de sus diálogos, las intervenciones de este personaje son antecedidas por una tonada a la que denominan como letra, que sirve de introducción al diálogo, y la media letra permite que el actor respire para continuar con su lamento. Ambas formas musicales son profundamente melancólicas y lánguidas.

Los diálogos del Luzbel principal son de una hermosura lírica que aprecian mucho los purépechas. Juan Bautista refiere que los versos que recita este personaje fueron traídos de España en la época colonial, de ahí su musicalidad e incluso cierto barroquismo en el lenguaje.

A continuación reproducimos algunos de esos versos facilitados por Juan Bautista: "Qué es lo que me anuncia triste/ esa resonante voz/ espíritus derivados/ legiones del mismo infierno/ ¿Por qué me han abandonado?/ ¿No me acompañan ahora?

"¡Oh, malaya mi tormento!/ Oh, cómo no me destroza/ Cómo de arder no reviento/ donde el bravo sentimiento/ las angustias, los tormentos/ ¡La pena grave lamento!

"¡Hay, hay!, yo era el ángel más bello del cielo/ y por mi envidia/ fui arrojado al profundo infierno/ donde hoy me encuentro.

"¡Hay qué tormento!/ malaya será mi suerte/ yo tan bello en mi ser/ cuando los seres de la Tierra estaban en mi poder".

Las parejas de rancheros son hombres y mujeres que asumen comportamientos mezclados de las costumbres antiguas con las contemporáneas. Estos son de los personajes más bellos en la pastorela, ya que son ellos los que tienden el puente entre lo divino y lo cotidiano: mientras emprenden la procesión para visitar al Niño Dios y ofrendarle distintas cosas, van cantando sus versos que aluden a la vida cotidiana, comunitaria e incluso la vida política nacional. Es en la creación de sus diálogos donde el maestro enseñante vierte toda su creatividad y ofrece una muestra de su sensibilidad para aprehender el sentir y creencias religiosas de los purépecha.

La presencia de los rancheros no puede pasar inadvertida, ya sea porque portan sombreros rancheros adornados con flores de lienzo o papel y un machete adornado con listones de colores. Las mujeres también portan estos sombreros, además de vestidos floreados y hampones. De la misma manera que las pastoras, llevan una canasta con ofrendas para el Niño Dios.

Un aspecto relevante del que da referencia Juan Bautista es que la pareja de rancheros acude con sus parientes, padrinos de bautismo y confirmación, para que les obsequien los adornos o alguna prenda.

Un atractivo más de los rancheros es su baile al ritmo del son abajeño y los versos que son precedidos por un son o una caminata, que es una tonada larga y pausada. Reproduciremos unos versos de rancheros compuestos por el maestro enseñante don Jesús Ramírez: "Soy Angélica Rivera/ mi ranchito es El Limón/ y como buena ranchera/ le traje al niño un ropón/ también trajimos dinero/ para hacerle un altarcito/ porque yo y mi ranchero/ queremos mucho al Niñito/ yo las invito pastoras/ a mi ranchito El Limón/ para que bailemos todas/ con la Orquesta de la Unión". En el caso del hombre se recitan estos versos: "Soy Lamberto Vargas Peña/ y mi rancho es El Limón/ y vine con mi costeña/ a esta hermosa región/ venimos a visitar/ al Niñito de Paracho/ y le vamos a bailar/ como se baila en mi rancho/ pues yo como buen ranchero/ aprecio mucho al Niñito/ le traje también dinero/ y un abrigo muy bonito".

Como ya mencionamos anteriormente, en estos versos también adquiere lugar la crítica política y la alusión satírica a algunos personajes de la comunidad: "Rancheros y rancheritas/ ¿Cómo se la están pasando?/ le traje estas florecitas/ a este Niño Santo/ me llamo Pancho Salinas/ y al Mesías le rindo honores/ pero no de esos Salinas/ que robaron por horrores/ ya me voy a retirar/ a comer ganso y filetes/ pues también soy echador/ no nomás Beto Billetes".

Hay también los que sirven para que el ranchero hablé de su situación económica y agradezca al Niño Dios por sus venias: "Soy Epitafio Melchor/ del rancho La Cofradía/ vine a ver al redentor/ y a nuestra Virgen María/ nos dio buen temporal/ el Niñito de Belén/ nos aumentó el capital/ y ya corté el henequén/ les presento a Teresita/ miren nada más qué chulada/ parece una Virgencita/ de los templos de Tecala".

Generalmente son bandas de viento las que animan esta tradición con sus entradas o caminatas que indican el camino de los participantes en la pastorela, de la casa del carguero al templo, donde se entregará el Niño Dios. La Letra anuncia el comienzo del Ensayo Real y la Media letra indica las pausas para la participación de los luzbeles. Los abajeños y jarabes se interpretan para que bailen las parejas de rancheros. Las polcas cuadrillas y sones abajeños se tocan cuando termina el Ensayo Real para animar el recorrido en el que se visitarán las casas de los participantes, donde la comitiva es recibida con alimento y algún alcohol. Es costumbre que las bandas de viento estrenen repertorio en esta celebración de la natividad de Cristo.

De todo lo antes comentado dio referencia Juan Bautista, quien afirma que en la mayoría de las comunidades purépechas se vive de la misma manera la representación de este acto teatral, con excepción de Cocucho, donde las pastorelas se celebran los días 27 y 28 de enero, con la participación de comunidades como Corupo, Charapan, Ocumicho y Pamatácuaro, entre otras que se suman para honrar mediante estas representaciones teatrales a la Virgen de la Concepción. En esta celebración se le entrega al carguero una réplica en miniatura de la deidad antes referida.


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