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¡No a la guerra! FERNANDA NAVARRO "La violencia no sólo es herir o matar, sino interrumpir la continuidad de las personas". Levinas El anhelo de paz atraviesa todo el planeta. La violencia ha llegado a un punto que todo lo permea, desde el nivel mundial hasta el intrafamiliar; la televisión y la calle son también sus escenarios. La vida no se vive ya como un don que nos permite crecer descubriendo el mundo con gozo y asombro, ni desarrollarnos con el optimismo de alcanzar un lugar desde donde construir y aportar algo a nuestro entorno social o participar en eso que eufemísticamente llaman civilización. Hoy, se trata de defender la vida, de cuidarla, preservarla; pues se ve por doquier amenazada. El ánimo jubiloso con que despertábamos hace años, llenos de proyectos y sueños, se ha tornado preocupación, duda, temor; atmósfera que se está convirtiendo en la tónica normal de cualquier ciudad moderna, sin tener que incurrir en situaciones límite ni estar peleando, fusil en mano, en alguna de las guerras que se libran en el planeta. En el último Foro Social Mundial, en Caracas, se acordó entre otros puntos realizar un Foro internacional Contra la Guerra en 2006. Ahí se tratará sin duda de otro tipo de violencia. Una violencia más devastadora, más despiadada pero justificada, institucionalizada, ya que implica tratos con enemigos declarados representados por gobiernos que, si bien forman parte de una comunidad de naciones, se enfrentan por equis razones, intereses, ambiciones, siempre maquillados con los más altos valores, en aras de la humanidad, escondiendo lo singular-concreto (que corresponde a la vida real de cada ser humano) en lo universal-genérico (que corresponde a lo que no existe más que a nivel abstracto, conceptual, y que se expresa en palabras como "el bien, el mal, la justicia, la humanidad). Trampas del lenguaje a las que mañosamente recurren los poderosos para justificar sus guerras, su propaganda y el falso sentimiento patriótico que inculcan en las escuelas, desde la educación más temprana. Baste recordar estrofas de nuestro Himno Nacional tales como "un soldado en cada hijo te dio", que nos enseñan a entonar con fervor patriótico desde la primaria. Todo este tejido que conforma cualquier sistema de poder político y que nos remite a uno de los aparatos ideológicos de Estado más poderosos: la educación, revela una verdad en la que pocas veces reflexionamos, el temor que le tiene la clase política al pensamiento libre. Recordemos a Bertrand Russell en Principios de Reconstrucción Social: Los hombres en el poder "temen al pensamiento más de lo que temen a cualquier otra cosa en el mundo. El pensamiento es subversivo y revolucionario, despiadado con los privilegios, las instituciones establecidas y los hábitos confortables. El pensamiento es indiferente a la autoridad... Se sostiene orgulloso, tan impasible como si fuera el señor del universo. Es la luz del mundo y la mayor gloria del hombre. Pero si el pensamiento ha de ser la posesión de muchos no el privilegio de unos cuantos, tenemos que habérnoslas con el miedo. ¿Va a pensar libremente el trabajador sobre la propiedad, entonces qué será de nosotros los ricos? ¿Van a pensar libremente los soldados sobre la guerra, entonces qué será de la disciplina y obediencia militar? ¡Fuera el pensamiento! Volvamos a los fantasmas del prejuicio y la mentira, no vayan a estar la propiedad, la moral y la guerra en peligro! Es mejor que los hombres sean estúpidos y amorfos antes que sus pensamientos sean libres. Así, arguyen los enemigos del pensamiento en las profundidades de sus almas. Y así actúan en sus iglesias, escuelas y universidades". Claro, es mucho más fácil gobernar y controlar a seres amorfos, pasivos, sin pensamiento propio que a seres que cuestionan las "razones" que los arrojan a guerras contra otros hombres iguales a ellos, que sólo por tener otra nacionalidad, color o raza pero idéntica condición humana de pronto son enfrentados, por sus gobiernos, como enemigos a veces o como aliados otras, según toque el turno de ser catalogados como "ejes del bien o del mal", por el autoproclamado abanderado de "la justicia y la libertad", o sea, el más poderoso, un ejemplo es lo que ocurrió en las dos guerras mundiales. En la primera, países entonces enemigos resultaron aliados en la segunda guerra ¿y todos los caídos? ¡Qué importa! Queremos creer que, el milenio que acabamos de inaugurar parece dar muestra de un paso hacia delante, en el sentido de que hay mayor conciencia y capacidad de cuestionamiento y protesta ante las imposiciones irracionales de los de arriba, acostumbrados a gobernar y controlar sin mayor explicación o justificación. Pareciera que estamos alcanzando como ciudadanía mundial esa mayoría de edad a la que el gran filósofo alemán E. Kant se refería cuando hablaba de la Ilustración como el período histórico que marcaba el fin de la minoría de edad de la humanidad por haber logrado conquistar, por medio de la razón (o pensamiento), la estatura humana, al superar el predominio de la religión y sus dogmas que en aquel entonces imperaba. Hoy podríamos decir que esa mayoría de edad está en vías de cristalizarse, a nivel planetario, al concebir y asumir la conciencia de que otro mundo es posible. Esta conciencia afloró con plena evidencia a finales del siglo XX, con los movimientos sociales, los foros mundiales y su precursor: el movimiento zapatista, cuyas últimas palabras en La Otra Campaña hace unos días fueron: "No estamos preparando un levantamiento armado, sino algo más grande." Para concluir, he aquí algunas sugerencias que alguien redactó a manera de Manual contra la Guerra: 1. Mantente vivo, con las antenas de la voluntad y el pensamiento abiertas; 2. Mantente despierto, empiézate a quitar los kilos de envoltura de inercias y mentiras con que nos mecen de la cuna a la tumba; 3. Mantente pensante, con un pensamiento propio, que no imite a nadie pero que sepa encontrarse con otros, que aprenda a dar sus ideas como a dar la mano; 4. Mantén el olfato afinado para reconocer a esos otros, tus iguales. Conéctate con ellos, enlázate, hasta cubrir vastos territorios ajenos a pirámides y altos mandos y empieza a sembrar nuevas formas de relación; 5. Recuerda que la duración de la vida no se mide por los años, sino por la intensidad, la generosidad y la capacidad de sorprenderse. Si cumples esto, nadie podrá convencerte de tomar un arma, ni de ir a la guerra por más santa que sea ni de matar a otro igual que tú, obedeciendo órdenes superiores. Los escépticos dirán que desde el principio de los tiempos ha habido guerras y siguiendo al Eclesiastés, deducen su inevitabilidad: "Lo que ha sido será". En lo que quizá no han reparado es que el arsenal bélico actual no es el mismo de siempre y hoy se tiene la capacidad de poner fin a todo lo que tiene vida en el planeta. El arco y la flecha no son comparables a los misiles ni a la energía nuclear. Por lo tanto, el no a la guerra es un imperativo más que categórico, diría Kant. |
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