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Hoy miércoles 22 de marzo de 2006


LA COMPOSITORA E INTÉRPRETE SE PRESENTA ESTA NOCHE EN EL TEATRO OCAMPO

El Jazz es un grito que nos libera de la opresión, afirma Olivia Revueltas

Fue invitada por la Secum y la Fundación Cultural Ramón Martínez Ocaranza a la conclusión de la cátedra José Revueltas

CARLOS F. MARQUEZ

"Me fue muy natural tocar jazz, porque el jazz es un grito sublimado del dolor de una esclavitud, de una opresión, entonces es fácil para un mexicano tocar este género. Por eso, actualmente el jazz está en México, no en Estados Unidos", expresó en entrevista con La Jornada Michoacán la jazzista Olivia Revueltas Simcok, que desde hace 18 años radica en Estados Unidos y que se encuentra en Morelia para ofrecer un recital de jazz-piano esta noche.

olivia revueltas contra2La Fundación Cultural Ramón Martínez Ocaranza, la Secretaría de Cultura de Michoacán y la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, a manera de conclusión de la Cátedra Extraordinaria José Revueltas, esta noche a las 20:30 horas, presentan en el Teatro Ocampo a la pianista Olivia Revueltas, hija del autor de El Apando y sobrina del músico Silvestre Revueltas.

­¿Qué podemos esperar del primer concierto que ofrece en Morelia?

­Es un programa muy especial porque en él hago un homenaje, un tributo a los primeros africanos que llegaron al continente de América y, como se sabe, ellos vinieron a la esclavitud en una situación verdaderamente infrahumana. Como usted sabe, los traían en los barcos, todos acostados en el sótano, con cadenas y haciendo sus necesidades ahí mismo al grado de que llegaba el momento en que les salían gusanos de la piel. Imagínese usted, es exactamente la misma situación de ahora, nosotros los mexicanos, yendo de braceros al otro lado, ¿por qué? Veamos la situación humana, se desbaratan familias.

"Imagínese a aquellos esclavos en la década de 1550, que los traen a la península de Yucatán, pero en 1619 llegan a lo que es ahora Estados Unidos; entonces, ¿cuántas familias no separaron? Vendían a la hermana o a la madre, igual que acá. Usted no está para saberlo pero yo que estoy del otro lado desde hace 18 años tengo muchas dificultades para ver a mis hijos. Esta feliz ocasión me permite encontrarme con mi hija. Nosotros los mexicanos, allá del otro lado, vivimos una situación espantosa que es como el muro de Berlín, es decir, no dejan pasar a nuestros familiares y para nosotros salir y volver a entrar es una verdadera problemática".

­Después de irse a Estados Unidos para encontrarse con un género creado precisamente por los migrantes más segregados que son los negros, ¿qué es lo que encuentra en el jazz en México y en el estadunidense?

­Sobre mi encuentro con el jazz en México: en este país también se ha vivido esclavitud y también hay un racismo muy marcado contra los compañeros indígenas, y cuando se va uno a Estados Unidos y ve que los negros africanos han tenido una lucha por sus derechos civiles, entonces encuentras acá que nuestros indígenas están todavía en un proceso inacabado de una lucha por sus derechos civiles. Aquí nos jactamos mucho de que no somos racistas; ¡sí somos, señores!, y en contra de los indígenas.

"Vine hace como tres meses a la ciudad de México y, para mi sorpresa, me encontré con jóvenes que yo nunca había visto, tocando impecablemente, porque el jazz acá nos es muy natural, porque es un grito para liberarnos de una opresión".

­Es muy natural el jazz en México; sin embargo, creo que se sigue moviendo de una forma muy marginal. ¿Cuál es su percepción del movimiento jazzístico en nuestro país?

­Yo percibo desde el extranjero que realmente en México hay más oportunidades de tocar jazz que en Estados Unidos. A mí me ha ido bien en el sentido de que se ha apreciado mucho mi música por allá, más de lo que en su momento se me apreció en México y por lo que me tuve que ir, pero si leo en el Internet que mis compañeros se quejan mucho de que no hay lugares para tocar jazz. Acá, señores, hay más lugares para tocar jazz que en Estados Unidos, y aquí hay una ventaja, porque siento que nuestro gobierno aún sigue siendo mixto, capitalista y socialista, entonces se encarga de sustentar y apoyar al artista. Ya quisiera ver en Estados Unidos a las personas que se quejan de no tener espacios de jazz en México, donde el gobierno con esto de la guerra ha cortado contribuciones a la cultura, y ya no digamos a la cultura, sino a la educación primaria, secundaria y preparatoria. Entonces nosotros, para poder hacer un festival de jazz tenemos que recurrir a una cervecería, por ejemplo, para que se nos apoye. En cambio, aquí en México si se hace un evento cultural como Dios manda, se recurre a una institución gubernamental, mientras que allá estamos a expensas de la buena voluntad de la iniciativa privada.

­Con este panorama del jazz en México que usted esboza a grandes trazos, entonces surge la pregunta: ¿por qué no volver a México?

­Me encantaría, y claro que es mi sueño; yo creo que cuando ya me sienta más viejita sí pienso volver a mi país. Cuernavaca, por ejemplo, ha sido como el cementerio de los elefantes, ahí llegó a morir Charles Mingus y un sinnúmero de jazzistas. La cabra siempre tira al monte, así que yo soy mexicana, y más que cualquiera que se jacte de serlo, por tanto, pienso seguir la misma ruta de esos jazzistas.

­¿Qué implica para Olivia Revueltas tocar en Estados Unidos y tocar en México?

­En México el público me parece que es más exigente que en Estados Unidos. Allá, no sé si porque les caí bien, pero realmente creo que sí hay una apreciación genuina de lo que toco. Me parece que en México la crítica es más severa: entre compañeros músicos la crítica es hasta destructiva, en cambio en Estados Unidos tengo una composición que va a ser estreno en México, Tercera llamada, que cuando la toqué, el crítico más temido de San Antonio y todo Texas me la criticó diciendo que era como una sonata Liszteana, entonces dije yo: ¡ah, pues qué generoso!

"En Estados Unidos se ha dicho que yo no toco jazz, sino que toco Olivian Jazz. En alguna ocasión estaba tocando en un lugar y estaba un crítico que me dijo al final del concierto: "me he esperado todo este tiempo para decirte que tienes tu sello propio, no te pareces ni a ­Thelonious­ Monk, ni a ­Charles­ Mingus, ni a Alice Coltrane. Eres Olivia y eso defiéndelo a capa y espada.

"Tercera llamada es una pieza que compuse en el año 2000 para conmemorar el pequeño gran triunfo de los indígenas chiapanecos en la lucha por sus derechos civiles cuando les permiten ir a hablar al Congreso, entonces quise celebrar esto que me llega mucho porque me interesa demasiado, de la misma manera que me interesan los afroamericanos y todas sus historias de esclavitud y luchas por los derechos civiles. Ellos (los afroamericanos) en el jazz, en lugar de escupir a toda una sociedad que los maltrató, condenó, humilló y que en un momento dado se llegó a discutir en Europa si los negros tenían alma, en lugar de tirarnos bombas y picarnos los ojos, nos devuelven todo ese dolor que se les causó en un canto muy sublime: el blues. Es un ejemplo humano en la historia del hombre, del dolor que se devuelve en arte".

­¿Considera que el jazz en México ha logrado adquirir una identidad propia?

­No hace falta tocar La Adelita o La Cucaracha en jazz para decir que tiene un sello mexicano. La vez pasada que vine a México conocí a un pianista que estaba acompañando a Verónica Ituarte, nuestra gran cantante de jazz, igual que Iraira Noriega, que para mí es mucho mejor que la canadiense Diana Krall, a la que se le ha hecho mucha propaganda porque está muy bonita la muchacha. ¡Fíjate lo que tenemos en México!

"Bueno, entonces me invitó Verónica Ituarte a su concierto porque un día le toqué por teléfono mi pieza Mujer herida, entonces ella me dijo que se la prestara para grabarla. El pianista que acompañaba a Verónica empezó a tocar e improvisar y descubrí un acento especial que tenemos los dos: ese es el sello de México.

"Sí hay una identidad, pero sobre todo va a haber más identidad cuando se refleje nuestra propia vivencia humana de opresión, porque este mundo al que hemos venido a vivir es un cúmulo de circunstancias que no creo que le gusten a nadie, esa es la labor del artista: traducir las vivencias en sonidos, en pintura o movimientos dancísticos para que con amor, amabilidad y solidaridad, un día todos cambiemos nuestras circunstancias".

­¿Quiénes serían los músicos que contribuyeron a delinear ese sello mexicano?

­No lo sé, hace 18 años que no estoy en México, pero sí te digo una cosa: los grandes del jazz en México hoy día son Agustín Bernal y Héctor Infanzón, ese muchacho es un genio. Con todo orgullo me los llevaría a un festival a Nueva York o Francia.

­Me llama la atención la vinculación que hace del jazz con los movimientos políticos y sociales; entonces, desde la trinchera de su piano y del jazz, ¿cuáles son las batallas que usted libra mediante la música?

­En cuanto a la música en concreto, mi batalla es tremenda porque soy músico autodidáctica, no fui a la academia, entonces yo tengo un lema que adquirí desde mi ingreso a Estados Unidos: "en busca de la excelencia". Si lo que voy a hacer no es excelente, entonces mejor no lo hago. Implica un triple esfuerzo porque tengo mi propio método, pero quizás hubiera sido más fácil si hubiera tenido un maestro que viene y me dice: hombre, es muy sencillo, el método que debes usar es éste y verás qué bonito vas a tocar. Tengo un método que yo he descubierto a través de muchos descalabros y tropiezos, las cosas que yo aprendí, las aprehendí bajo la piel, no vine a tocar jazz con un libro de instrucciones.

"Cuando yo aprendí jazz no existía el Real Book, que es un libro que comprende todas las piezas de jazz y es una guía. Todas las piezas yo las saqué de oído, a través de repetir y repetir. Hubo piezas que tardé años en sacar, la que menos años me costó es la pieza con la que voy a cerrar el recital: Bárbara, de Horace Silver; esta pieza me llevó tres años de escucharla diario para poder adivinar qué estaba tocando el pianista y me da mucho gusto que cuando Agustín Bernal, nuestro extraordinario contrabajista mexicano se va a New York y adquiere el Real Book número 2, tiene la generosidad de regalármelo y viene esta pieza, entonces la comparé con la que yo saqué y me di cuenta que la escribí perfectamente como está en el papel".

­Revisando el árbol genealógico de los Revueltas con profundas raíces políticas, ¿para Olivia Revueltas cómo es hacer política desde el piano?

­El hecho de que los grandes Revueltas: José, mi padre; Silvestre, Fermín y Rosaura, hayan hecho lo que hicieron, no quiere decir nada, nosotros somos independientes y sería no honesto y no genuino que nada más porque mi papá fue un revolucionario yo quiera ser una revolucionaria, eso es una aberración. Si acaso me acerco un poco a ello y en mi manera de ser sea genuino, es porque yo lo encontré por mí misma y entonces por mí misma lo defiendo y vivo o muero por ello, ¡es mi convicción! No porque se la robé a mi papá.

"Lo que yo tengo y lo que Julio ­el guitarrista Julio Revueltas, su hijo­ tiene también, me atrevo a hablar por él porque lo conozco, lo hemos labrado como el obrero, hemos picado piedra y hemos hecho la escultura en piedra o en barro, pero nos ha costado.

­De sus repentinas apariciones en México han sido muy memorables sus presentaciones junto a Julio Revueltas, ¿Qué nos podría decir de esa experiencia de compartir escenario con su hijo?

­Con Julio solamente una vez nos presentamos en la catedral San Fernando de San Antonio, donde generalmente el público se pone de pie hasta el final del concierto, pero cuando tocó Julio se puso de pie desde el primer momento; la gente estaba vuelta loca con su guitarra eléctrica tocada con arco. Esa fue la primera vez que tocamos juntos. La segunda vez fue en la sala Silvestre Revueltas, de la Ollin Yolliztli, y creo que fue una presentación muy emotiva para mí; sin embargo, no dejo de ver a Julio como mi cachorro y esa vez creo que se fue la luz en el escenario y se me salió decirle: ¡chamaco de porra!, ¿dónde estás?

"Julio es un gran músico, mucho mejor que yo. En su último disco, El alma, yo lo acompaño en cuatro piezas y así como estoy muy orgullosa del disco que grabé con Billy Higgins y Roberto Miranda, así estoy muy orgullosa de lo que grabé con este maestro Julio Revueltas. La unión de estos dos músicos, madre e hijo, es verdaderamente electrizante".