 |
Primera
Contraportada
Opinión
Cartas
Política
Cultura
Finanzas
Municipios
Sociedad
Deportes
Vuelta de Hoja
Correo Electrónico
Archivo
La Jornada México
La
Jornada de Oriente
La Jornada Morelos
La Jornada San
Luis
|
|
Hoy lunes 27 de marzo de 2006
|
Reflexiones sobre la otra teoría
FERNANDA NAVARRO
na lluvia de ideas acerca de lo que podría
ser la otra teoría: en general, se podría decir que
tendría que ser el resultado y no la premisa de una
reflexión, de una sistematización de la praxis, de la práctica
que el zapatismo ha venido generando e inaugurando, al cuestionar y resignificar
conceptos tradicionales de la teoría política. Es decir,
se invertiría el orden convencional que antepone la teoría
a la práctica. Aquí la práctica sería el punto
de partida y, al ir recogiendo resultados y experiencias, culminaría
en una sistematización teórica. Posteriormente se daría
una relación dialéctica entre ambas.
Otras sugerencias serían las siguientes:
Que ponga el énfasis en el carácter
transformador no adaptativo de las teorías, en su pretensión
de generalización y fijación de sus verdades.
Que sea siempre crítica, analítica y
dispuesta a la autocrítica.
Que para su elaboración, escuche y considere
planteamientos de pensadores contemporáneos en la misma sintonía,
además de los ya declarados simpatizantes del zapatismo, a nivel
mundial, sin olvidar la figura siempre presente de Marx como trasfondo
ineludible.
Entre estos últimos, me permito sugerir
a dos o tres filósofos que, sin conocer el zapatismo por
haber muerto poco antes tienen algo que aportar conceptualmente.
Me refiero a G. Deleuze y a Michel Foucault, sabiendo que toda elección
es subjetiva y arbitraria en tanto deja fuera a muchos otros con los mismos
'derechos', pero son los que me vienen a la mente y que conozco dentro
de mi estrecha competencia en el campo de la filosofía.
Razones: porque ofrecen un marco teórico afín,
por su rechazo a añejas concepciones metafísicas, verdades
absolutas con pretensión universal, que atropellan la singularidad
y la diferencia, por su rechazo, en fin, a los esquemas mentales que nos
habitan y que nos impiden ser contemporáneos de nosotros mismos.
Por su postura firme al decir no a los dioses, no al determinismo histórico,
abriendo así la posibilidad de una historia en presente.
¿Por qué Gilles Deleuze? Por su concepción
del devenir como único tiempo posible de la humana condición,
por su concebir al ser siempre en proceso, nunca acabado, por asumir el
gerundio como el más adecuado tiempo gramatical.
Por su concepto de rizoma, esa aparente metáfora
de esa hierba que a diferencia del árbol enraizado y vertical
crece y se extiende horizontal y va cubriendo imperceptiblemente vastas
extensiones y planicies, vastos territorios, mil mesetas, de la misma
manera que la Otra Campaña, se extiende, catalizadora de
miles de frustraciones, hartazgos, desolación y esperanzas. Por
ser, en fin, un abanderado de la multiplicidad frente a la pretendida
unidad homogénea que se confunde con la uniformidad y la exclusión.
¿Por qué Foucault? Por su relación saber-poder
(que aquí podríamos invertir: poder-saber, como verbo) y
su adopción del sí mismo, de la subjetividad con lo que
completó su triada poder-saber-sí mismo. Lo que quisiera
señalar es que, según mi interpretación, ese sí
mismo podría apuntar a algo semejante al llamado que hace la Otra
Campaña a los individuos, con un matiz distinto del de la sociedad
civil, incluso del de 'ciudadano', pensando en la Grecia antigua, que
se subordinada a la polis, al Estado.
Más bien me quiero referir al individuo del Helenismo,
en tiempos de Epicuro, ya bien pasado el derrumbe de la gloriosa Atenas,
cuando surge otra dimensión en la que la conciencia parte de la
primera persona, de su interioridad o individualidad, haciendo uso de
su libertad. Al hacerlo, queda ineludiblemente comprometido y responsabilizado
de su elección, de su acción, que finalmente se fundirá
en un colectivo, en una dimensión social.
Jean Paul Sartre habría de desarrollar
este punto más de 20 siglos después.
Pero ojo, no hay que confundir esto con el egocentrismo egoísta
del individuo neoliberal.
Otro aspecto o contrapunto es el concepto comparativo que
se puede hacer entre este individuo del que hablamos y el de las 'masas'
de periodos anteriores. La 'masa', la 'bola' término tan
socorrido en las revoluciones, luchas de liberación nacionales
o revueltas ha tenido siempre una connotación irreflexiva,
amorfa, incluso irracional. Hoy día, el individuo al que invita
a adherirse la Otra Campaña sería lo contrario, más
cercano al descrito por el Helenismo.
Otra propuesta de Foucault es su concepción del poder
que se deslinda de la tradicional, al desplazarlo o descentrarlo de las
cúpulas, y situarlo en todo lugar donde haya relaciones de dominación,
de jerarquía.
Otro punto de urgente reclamo es la redefinición,
la resignificación de la democracia, la palabra más pronunciada
y menos practicada del diccionario y para la cual el zapatismo ha hecho
importantes aportes a la teoría política, desde la práctica
de las Juntas de Buen Gobierno y otras iniciativas.
Y qué decir del rescate de la ética
que ha hecho el accionar zapatista, esa ética que el capital ha
mandado al exilio.
En seguida me permito hacer una sugerencia
quizá un poco atrevida, por inusual:
Que la otra teoría no esté tan desvinculada
de la poética, en el sentido de que incorpore al corazón
a la flor de la palabra, con el fin de prevenir toda tendencia cientificista,
desnuda, fría, que busca sólo verdades únicas, absolutas
e inmutables. Así se conciliaría al poeta con el filósofo
y el científico, recordando la distinción que hiciera León
Felipe en aquel poema donde asevera:
El filósofo dice: "pienso, luego existo".
El poeta dice: "blasfemo, lloro, grito, luego existo...
Blasfemo y grito para que me salgan los sueños".
Y aquí es donde se une con el zapatismo en esa otra
dimensión más amplia y abarcante que es la cultura, entendida
como todo aquello que le tape la boca a la estupidez, como todo aquello
que frene la barbarie y la violencia.
El reto para los intelectuales 'de este lado' no de
los de las torres de marfil es saberse integrar a la Otra Campaña
para participar en su alumbramiento y darla a luz, sistematizando nuevas
prácticas y realidades con el fin de abrir otros horizontes, otra
historia para este país de 'pólvora y de rosa' (León
Felipe) que es nuestro México.
(Texto leído en Reunión de Intelectuales
con la Comisión Sez ta. Universidad de Guadalajara. Marzo 21-06).
|
|