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Bondad, verdad, belleza y educación JUAN MANUEL GUTIÉRREZ VAZQUEZ / II y Última Una persona educada sabe que las ideas y los conocimientos han ido cambiando con el tiempo y que las respuestas a los problemas de la vida y, por lo tanto, de la bondad, la verdad y la belleza, son diferentes ahora que en los tiempos de nuestros padres o de nuestros abuelos, ya no digamos de siglos anteriores; sabe que no solamente la naturaleza ha evolucionado, sino que la sociedad también lo ha hecho al enfrentar nuevos retos y nuevos problemas, y al ver problemas y retos viejos con una nueva mirada que se ha ido construyendo gracias al avance del arte, la ciencia y la tecnología. En muchos campos ya es posible hacer cosas que no son necesarias o moralmente deseables, tanto en el campo de la salud como en el de la genética, en el de la información, en el de las comunicaciones o en el de la psicología social, para no mencionar sino unos cuantos. Una persona educada sabe tomar una postura informada, autónoma y consciente en todo ello, una persona simplemente capacitada para un empleo no es capaz de hacerlo. Una persona bien educada se comprende a sí misma, a quienes la rodean y al mundo en el que vive. Esto es, que una persona educada no es solamente una persona que sabe, es una persona que comprende. Más que la información, le preocupa el conocimiento, y más que el conocimiento, le preocupa la sabiduría, como bien lo dijo el poeta T. S. Eliot. Y la sabiduría implica no solamente saber, sino actuar con inteligencia, con justicia y, otra vez, con abnegación y benevolencia, con verdad y con primor. Para poder hacerlo, una persona educada es capaz de organizar la información que recibe hasta conformar una estructura que quiera decir algo, que signifique algo; es decir, que es capaz de convertir la información en conocimiento y el conocimiento en comprensión y en sabiduría. Sin esa capacidad, el simplemente "bajar" información de Internet se convierte en un ejercicio que carece de sentido. Cómo "bajar" información de Internet se aprende en un curso de capacitación, pero la comprensión y la sabiduría son territorios de la persona educada. Además, incluso en términos del empleo, una persona bien educada en la bondad, la verdad y la belleza, una persona que sabe mejorarse y mejorar la vida de los demás, que sabe comunicarse, sabe pensar críticamente, sabe participar y resolver problemas, es una persona que en cualquier momento puede reorientar su vida y recapacitarse para desempeñar otros puestos, no solamente ese para el cual fue entrenado; es una persona flexible y adaptable que puede transferir sus talentos a otras posiciones en la vida. Cada vez más la capacitación precisa para el trabajo que se va a desempeñar es ofrecida en los centros de trabajo mismos, ni la escuela ni la universidad la pueden proporcionar; es cierto que el sistema educativo y los sitios de trabajo deben estar más al tanto de las necesidades, las potencialidades y las limitaciones de ambos, pero lo que el empleador está buscando, a nivel nacional e internacional, es una persona educada, y por lo tanto creativa y flexible, que tenga una perspectiva amplia de la vida y que sepa adaptarse y manejar los retos de los nuevos enfoques y las nuevas maneras de hacer las cosas, no una persona a la que una serie de cursos supuestamente prepararon para ocupar un puesto determinado y que no lo muevan de allí. Quizá era encomiable poder decir, hasta hace relativamente poco tiempo, que se había acumulado cierta antigüedad en un empleo determinado; ahora es un desprestigio tener que decir que ya se tienen ocho o diez años en el mismo puesto. Educarse es una aventura, un viaje, una exploración que toma toda la vida, aunque sus rudimentos en la familia, en la escuela y en la universidad son por supuesto muy importantes; para cualquiera puede resultar de vida o muerte haber adquirido las bases de una buena educación en los tres entornos mencionados. Durante esta travesía, la persona educada va construyendo y consolidando sus propios puntos de vista sobre la bondad, la verdad y la belleza; sobre la vida, la justicia, el arte y la política; sobre el trabajo, el amor, la amistad y la solidaridad; sobre lo que uno es realmente capaz de hacer en bien de los demás y, en su momento, sobre la decrepitud, la enfermedad y la muerte. En todos estos aspectos del pensar, del sentir y del quehacer humanos nos ayuda una buena educación; no creo que pueda lograrse lo mismo tomando cursos de capacitación para desempeñar un empleo. Educación y capacitación tienen, ambas, su papel y su sitio, pero sería de una torpeza inaudita confundir una con la otra. | ||
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