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■ La modernidad genera siempre un sentimiento de pérdida, explicó Catherine Ettinger
No olvidar el dolor o la gloria del pasado, propósito de la conservación
■ Ofreció la conferencia Teoría de la restauración: cuestionamientos contemporáneos
Carlos F. Márquez
“La conservación es un invento moderno: a partir de que asumimos la diferencia entre lo moderno y lo pasado. Sentimos que con la modernidad perdimos mucho y es precisamente esa sensación de pérdida lo que nos lleva a conservar edificios”, afirmó la arquitecta Catherine Ettinger McEnulty en la conferencia Teoría de la restauración: Cuestionamientos contemporáneos, que tuvo lugar el pasado jueves en el Museo de Arte Colonial.
A manera de preámbulo, Ramón Sánchez Reyna, director del Museo de Arte Colonial, explicó las razones por las que fueron retiradas las obras que se exhibían en el patio central, y la principal de ellas es que por fin se restauró la techumbre antes llena de goteras, y agregó: “espero que no tengamos que esperar otros 22 años para que sea restaurada la techumbre, esperemos que se le dé conservación”.
Señaló que ya consiguieron un taladro prestado (pues el museo no cuenta con uno propio) y que a la brevedad instalarán las obras con una museografía más concienzuda y objetiva, además de que habrá mayor trabajo de difusión sobre el acervo y actividades del recinto.
Acto seguido la arquitecta, miembro del Sistema Nacional de Investigadores, desarrolló “una conferencia con muchas preguntas y pocas respuestas”, sobre los retos o realidades de la restauración y conservación en la actualidad. Afirmó que hasta la Edad Media era natural que se modificaran monumentos; sin embargo, con el Renacimiento surge una nueva concepción del pasado y es en esta época donde surge la necesidad de restaurar.
La conferencista distinguió dos tipos de patrimonio: el que nace y el que se hace, en relación con el primero se pueden ubicar los edificios centrales de una comunidad que por su relevancia, desde el momento de su construcción se tiene la certeza de que serán una herencia para la posteridad. En este tipo de patrimonio se pueden encontrar tanto edificios antiguos como modernos. Por otra parte se encuentran aquellos monumentos considerados como patrimonio por los valores intrínsecos de la obra y por la importancia que pueden adquirir para cierta corriente estética o determinado momento histórico. Es ésta la naturaleza del patrimonio que se hace.
Afirmó que los valores tradicionales adjudicados a una obra patrimonial, tales como su carácter de monumento, su belleza y su antigüedad, se han ido modificando, como ejemplo de estas modificaciones señaló que en el patrimonio edificado se considera en la misma dimensión de importancia tanto a los monumentos como a los conjuntos que conforman su entorno. De ahí que señalara que en los pueblos de la Meseta son tan importantes las construcciones monumentales (templos), como las trojes tradicionales.
Tales fueron las transformaciones de los valores a lo largo del siglo XX que, según referencias de Catherine Ettinger, en la lista de patrimonio se incluyen cosas feas, por ejemplo, el campo de concentración de Auschwitz, y al respecto manifestó: “a veces conservamos porque queremos imaginar un pasado glorioso y a veces conservamos para no olvidar el pasado, aunque haya sido un pasado doloroso”.
Lo sobresaliente y lo cotidiano, lo tangible e intangible, así como el paisaje, también pueden tener valores para entrar a la lista de patrimonio; sin embargo, entre todos esos cambios que se han generado en los criterios para la denominación de patrimonio, el valor de lo antiguo es el que más transformaciones ha sufrido a lo largo del tiempo, y Catherine Ettinger señala: “en 1818 la legislación francesa exigía 2 mil años de existencia para que algo pudiera ser considerado como antiguo; en 1900 se reduce la norma a 200 años; en 1960 se piden sólo 20 años y en 2006 parece que queremos conservar todo”.
Catherine Ettinger afirmó que ante la imposibilidad de conservar todo, debe realizarse un ejercicio crítico de priorización, para saber cuáles serían los elementos patrimoniales que deben ser conservados y para aquellos que no puedan serlo, realizar un registro que dé fe de su existencia.
La autenticidad, antes concebida como elemento inherente de las edificaciones patrimoniales, no escapa de los cuestionamientos contemporáneos frente al uso de nuevos materiales e incluso la realización de réplicas de monumentos importantes en peligro. La conferencista no distinguió en las réplicas un peligro mayor en materia de patrimonio, como sí lo hizo con los simulacros de la tradición, es decir, el empeño por recuperar un pasado glorioso que no existe, lo cual es uno de los grandes peligros de la conservación.
Otro problema que focalizó es el uso turístico del patrimonio que ha provocado serias consecuencias en seis sitios, particularmente en Machu Pichu, a propósito de ello, agregó: “en este sentido, debemos tener cuidado en Morelia para que no deje de ser de nosotros, para que no se convierta en una ciudad museo”.
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