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■ Silvia Macías, Israel Gracia y Edgar Poll Hurtado, los finalistas
Se llevó a cabo ayer la semifinal del Tercer Concurso Estatal de Coreografía
Carlos F. Marquez
Silvia Macías, con Contemplación No. 20 o la saga de Taiwán; Israel Gracia, con la obra Acceso a Nebulosa Tres, y Edgar Poll Hurtado, con …Algún tiempo en el tiempo, son los coreógrafos elegidos por el jurado calificador para participar en la final de la segunda categoría en el Tercer Concurso Estatal de Coreografía que se realizará el próximo domingo.
El día de ayer se llevó a cabo, en el Teatro Ocampo, la fase eliminatoria del Tercer Concurso Estatal de Coreografía, en la que los jurados Benito González, Oscar Ruvalcaba Pérez y María Suárez Aldana, eligieron sólo tres de las seis composiciones coreográficas en concurso.
Los coreógrafos que participaron fueron: Aidee Yazmín Servín Arreygue, con la obra Y que nadie ve; Israel Gracia Beltrán, con la coreografía Acceso a Nebulosa Tres; Abelardo Hernández Araujo, con Juegos atados; Silvia Macías, con Contemplación No. 20; Ana Marieli Rivera Valencia, con Absurda inspiración, y Edgar Poll Hurtado, con ...Algún tiempo en el tiempo”.
Respecto de años anteriores, en esta tercera edición del Concurso Estatal de Coreografía, el nivel de calidad de los trabajos delata un favorable incremento, además de que apunta a convertirse en un foro ideal para el impulso de noveles coreógrafos, aunque no faltan los coreógrafos de ocasión, es decir, aquellos que crean ex profeso para el concurso, aunque después no se vuelvan a ver más propuestas de ellos.
En esta primera eliminatoria se pudieron apreciar las composiciones coreográficas de aquellos que realizan sus primeros montajes escénicos, y es menester señalar que predominaron los alumnos o egresados de la Escuela Popular de Bellas Artes.
En cuanto a las obras seleccionadas para participar en la final, se pueden percibir en ellas propuestas disímbolas entre sí: son distintas las búsquedas de lenguajes corporales, así como opuestos los temas que abordan y la concepción de la composición coreográfica.
Israel Gracia aborda la ciencia ficción en su composición y para ello divide el espacio escénico en dos partes: en una de ellas se percibe a un enano alienígeno y en el opuesto a un trío de humanos que coexisten en la arista de una pirámide sugerida por unas líneas blancas que fragmentan la escena. El coreógrafo plantea un tópico poco recurrido en el trabajo escénico y es quizás ese el mayor valor de su propuesta, pues en cuanto al trazo coreográfico, éste se desarrolla con ciertas carencias en el desarrollo del tema, pues la anécdota no acusa grandes variantes; empero, es apreciable el desempeño de los bailarines Jorge Cerecero, Víctor Esquivel y Edgar Poll, que muestran una danza enérgica y dinámica.
Por su parte, Silvia Macías desarrolla la idea de un viaje interior que, como refiere, “puede ser también la epopeya de la intimidad sin cesar, vendida y recuperada”; por tanto, su lenguaje corporal es mínimo y cede mayor relevancia a la interpretación.
Su coreografía consiste en el lento trayecto de tres mujeres sobre una línea recta, con breves destellos de expresión corporal. El viaje interno se manifiesta al exterior mediante la intervención en vivo del saxofonista Juan Alzate, cuya presencia en escena no termina de justificarse, pues se evidencia que está ahí únicamente al principio y durante todo el desarrollo del montaje permanece en la sombra, con la voz de su saxo que evoca a las mareas y los vientos de un viaje marítimo. La música creada por el jazzista salva esta coreografía, donde el trabajo de interpretación no cumplió a cabalidad; en consecuencia, lo que se pudo percibir en escena fue simplemente el andar de tres mujeres, sin los conflictos o sensaciones interiores que sugiere el tema. Quizás lo que cautivó al jurado fue esa provocación de presentar una coreografía que apuesta poco por la danza y la tentativa de enriquecer el montaje escénico con música en vivo, aunque viendo la participación que se le confirió a Juan Alzate en escena, no hubiera sido grande la diferencia si se tuviera música grabada, pues ni siquiera se generó un diálogo corporal en respuesta a los estímulos sonoros y la musicalidad del jazzista se quedó en lo atmosférico, a pesar de ello, en Contemplación No. 20 lo más coreográfico fue de carácter acústico.
Edgar Poll aborda la deshumanización y presenta a los intérpretes Goretti Hernández, Ana Gabriela Pérez, Andrea Inés y Jorge Cerecero, en su advocación de muñecos Playmobil, caracterización que le serviría como punto de partida para la exploración de un movimiento mecanizado, mismo que cambiaría al momento en que se les retiraron los cascos a los personajes para devolverlos a su condición humana. Uno de los mayores aciertos del coreógrafo consistió en aprovechar al máximo las capacidades y experiencia de Jorge Cerecero, que aportó un lenguaje corporal rico en matices; claro, el cual no hubiera llegado a buen término sin el concienzudo manejo de los elementos en escena que mostró este joven coreógrafo, que será una de las propuestas fuertes en la final del próximo domingo.
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