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Hoy sábado 2 de septiembre de 2006

■ Con participación en más de 100 cintas, dejó una estela de memorables interpretaciones
A la edad de 90 años falleció en Beverly Hills el emblemático actor Glenn Ford

ALEJANDRO CERVANTES
Hay días en que la vorágine de acontecimientos mundiales (guerras, desastres naturales, el cinismo político y los desfiguros públicos de las celebridades) no deja espacio en los medios para noticias, que aparentemente no tienen impacto mediático. Lo anterior viene a colación porque en estos días, los sucesos mundiales y nacionales hicieron que la noticia del fallecimiento de un actor estadunidense, en cuya carrera se sucedieron entrañables participaciones en el cine hecho en Hollywood (en los tiempos en que las películas realizadas en esta telaraña de intereses comerciales permitía la existencia de ejercicios inteligentes y bien facturados), apareciera como una mínima y discreta nota.
El pasado miércoles se dio a conocer la noticia de que el célebre actor Glenn Ford había sido encontrado muerto en su domicilio por la policía de Beverly Hills, sin huellas aparentes de violencia o alguna pista que denunciara un delito. El actor tenía tiempo de estar convaleciendo de problemas coronarios y circulatorios, y posiblemente esa fue la causa de su deceso, pues el padecimiento, incluso, no le permitió asistir a un homenaje que se le realizó por su arribo a la novena década de vida, el pasado mes de mayo en aquella ciudad californiana.
El asunto es que el cine estadunidense pierde a uno de sus intérpretes más constantes y de una amplia trayectoria que abarcó un poco más de 50 años, con el antecedente de que el citado histrión entregó a la posteridad una singular serie de personajes, y para su público un largo rosario de buenos recuerdos cinematográficos e intensas postales cinéfilas. Como un sencillo homenaje a su memoria, se realiza la siguiente evocación.
El 27 de julio de 1946, el actor participó en un auténtico duelo actoral, con la despampanante beldad pelirroja llamada Margarita Cansino, y que el mundo conoció bajo el seudónimo de Rita Hayworth (1918-1987), y el fabulosamente siniestro George Macready, en esa inquietante obra que recibió el poético titulo de Gilda, intenso drama que describe un apasionado triángulo amoroso entre el maduro dueño de un cabaret y práctico gangster, su joven y ligera esposa, y el joven tahúr Johnny Farrell, interpretado a la perfección por Ford, en esta cinta que tiene su momento más intenso cuando la sicalíptica Gilda realiza el striptease más breve y simbólico de la historia del cine, interpretando la sensual canción Put the blame on mame, momento que se convirtió en la referencia erótica de toda una generación y que aún sigue impactando por su brillante resolución artística, que fue ejecutada por el eficiente Charles Vidor (1900-1959).
Inolvidable también su participación como el heroico y honesto sargento de la policía Dave Bañón, incorruptible detective que inicia la investigación del supuesto suicidio de un agente corrupto y que se involucra en una red de extorsión, crimen y bajas pasiones, en esa obra maestra del director alemán Fritz Lang, que se titula Los sobornados (The big heat), realizada en 1953 y que se convirtió en un perfecto ejemplo del llamado film noir (además en esta prodigiosa obra hace su aparición un joven Lee Marvin, que después se convertiría en un sobresaliente hombre duro y la bella Carolyn Jones, que con el tiempo se convirtió en un icono del espacio televisivo con su inolvidable personaje de Morticia Addams).
Y cómo no mencionar al caballeroso y honorable criminal del viejo oeste Ben Wade, célebre asaltador de caminos y mortal pistolero, que es atrapado y conducido para su encarcelamiento en la ciudad de Yuma, Arizona, y que tiene que enfrentarse en inolvidable duelo al valiente y honrado ganadero Dan Evans (Van Heflin), hombre de familia al que las circunstancias lo obligan a ser el custodio de dicho delincuente, en el épico western El tren de las 3:10 a Yuma (3:10 to Yuma), realizado en 1957 por el lírico Delmer Daves (1904-1977).
Tampoco hay que olvidar su participación en el deplorable “drama rabioso” o “hidrofóbica farsa” realizada en nuestro país en el año 1966 y titulada El mal (The rage, para su exportación al vecino país del norte), desafortunada cinta dirigida por Gilberto Gazcón (19 de mayo de 1929, México, DF), donde además participó la coterránea de Ford y rubia beldad llamada Stella Stevens y los actores David Reynoso, Armando Silvestre, Ariadne Welter, José Elías Moreno, entre otros.
Finalmente, y para el archivo de la constancia de los amantes de los cómics trasladados a la pantalla, hay que recordar que el desaparecido actor interpretó al adoptivo padre terrestre del kriptoniano Kar-El, mejor conocido como Clark Kent, quien es mejor reconocido como Superman en la película dirigida en 1978 por Richard Donner, en donde encarna al bondadoso granjero Jonathan Kent, que le da asilo al extraterrestre visitante y futuro súper héroe, cuya anécdota se suma a muchas otras que sobresalen de su participación en más de 100 cintas.
Notable logro del hombre que fue hijo de un ejecutivo de una compañía ferrocarrilera y que respondía al nombre de Gwyllyn Samuel Newton Ford, nacido en territorio canadiense el primero de mayo de 1916. Es de esta forma que el finado actor dejó una estela de memorables interpretaciones, que se han vuelto parte de los recuerdos de vida de (posiblemente) millones de cinéfilos, quienes al conocer la noticia seguramente dedicarán un recuerdo a este estupendo intérprete que abandonó este mundo el pasado miércoles y que en alguna ocasión se refiriera a su oficio expresando lo siguiente:
“La gente se ríe cuando les digo que no soy actor, pero no lo soy, sólo me interpreto a mí mismo”.

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