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Hoy miércoles 25 de octubre de 2006

■ Se presentó el Szeged Ballet Company con la obra Carmina Burana
Culminó el Encuentro de Creadores de la Universidad Michoacana

ERICK ALBA

El Encuentro Nacional de Creadores promovido por la Universidad Michoacana en el festejo por sus 89 años de existencia, concluyó con toda la complejidad que encierra el análisis sobre las pasiones del hombre a través de la danza, con la presencia de la Szeged Ballet Company de Hungría y la eufórica banda sonora de Carl Orff, Carmina Burana.
El teatro José María Morelos de esta ciudad fue el escenario en que el rector de la UMSNH, Jaime Hernández Díaz, dio por clausuradas las actividades que entre el 11 y el 23 de octubre conjuntaron por igual a las artes visuales, presentaciones de libros, arquitectura, danza y música, teniendo como testigo al secretario de Cultura del gobierno del estado, Crisanto Cacho Vega.
En su balance, el responsable de Difusión Cultual y Extensión Universitaria, Alonso Torres Aburto, dijo que en el festival de este año se logró el arribo de agrupaciones internacionales gracias al acercamiento con el Festival Internacional Cervantino de Guanajuato, a lo que Hernández Díaz añadió la cooperación de instituciones federales y estatales vinculadas con la promoción cultural.
Una vez concluido el acto protocolario, los 15 elementos de la Szeged Ballet Company (siete hombres, ocho mujeres) iniciaron la rutina que mezcla el movimiento corporal con elementos escenográficos escasos, pero de alto contenido simbólico.
Así, la aparición de la muerte ante un espectador silente desencadena todo un proceso de reconocimiento interior, de avatares y luchas en que interviene la necesaria mistificación del hombre hacia símbolos superiores que dictan las reglas morales colectivas y el castigo al que no las cumpla, pero también la convicción de disfrutar en todo lo posible el tiempo de vida.
De hecho, la obra musical más conocida de Carl Orff está basada en los manuscritos del siglo XIII encontrados en el monasterio Benedikbeuren, cerca de la actual Munich, en los que se ensalza la lujuria, el amor, el sexo, bebida y gula, así como las apuestas, pues al parecer los benedictinos que escribieron los 250 poemas en latín y alemán medieval tomaban demasiado en serio la fragilidad de la vida y su respuesta a eso era la diversión desmedida.
El desarrollo de la vida en pareja, por lo menos en la visión expresada por el ballet invitado, lleva a una suerte de libertinaje varonil que se transforma en vicios, como una manifestación del instinto no controlado y que se refuerza por la convivencia social con otros que piensan como él y que provoca, a la larga, la desesperación de la mujer, la soledad y su deseo autodestructivo.
Lo anterior se ajusta a la intención musical de Orff, pues su obra se divide en tres secciones: La primavera, La Taverna y El amor. Y es la última parte la que habló en el escenario de todo un proceso que conduce a la muerte, mismo proceso que va acompañado de la esperanza nunca cristalizada de encontrar un sosiego compartido.

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