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Las tarifas de agua potable deben cobrarse de acuerdo al valor catastral de la vivienda
Señor Director: Respecto de la información que se desprende de la presentación del libro La gestión del agua urbana en México, reseñada en el diario a su cargo el 7 de noviembre 2006, me permito hacerle 2 consideraciones:
El uso del agua en cualquiera de sus manifestaciones, es fundamental no sólo para la salud y el desarrollo de la población sino para su propia supervivencia. Por tanto, su distribución debe tener un carácter social de modo que sea accesible sin excepción, para toda la población. La solución de este problema es realmente simple si se asocia el costo de la tarifa al ingreso familiar –cuyo indicador más evidente es el valor catastral de la vivienda que ocupa una familia– utilizando un criterio diferencial ascendente para que a mayor valor catastral, mayor sea el costo del agua necesaria, considerando un volumen mínimo requerido previamente establecido.
Los volúmenes que excedan el mínimo establecido, se manejan de la misma manera. El problema de las tarifas de agua, evidentemente no es de carácter técnico sino político y que se puede comprender fácilmente a través de un ejemplo: mientras que una familia con un ingreso mensual de $1,250.00 utiliza el 6% de este para cubrir los $150.00 de costo bimestral tarifa, otra familia cuyo ingreso mensual es de $ 5,000.00 el costo bimestral tarifa representa sólo el 1.5%. En mexicano, es claro que el primero paga 4 veces más que el segundo de manera legal pero totalmente injusta. Respecto de la eficiencia de la “macro planta”, bastaría sólo que el director del organismo operador indicara que según el estudio piloto que debieron realizar para establecer los parámetros de diseño para su construcción –dado que la planta no opera aún– la calidad del agua será la adecuada al menos para riego agrícola, es decir que cumple con lo requerido por la Norma 001-Ecología que la regula, sobre el N.M.P. de coliformes y el número de huevos de helmintos; las características físicas del agua así como las concentraciones de arsénico, cadmio, cianuro, cobre, cromo, mercurio, níquel, plomo y zinc indicando en cada caso qué porcentaje de reducción ocurre por efecto del tratamiento. Dado que se trata de datos técnicos, no hay razón lógica para mantenerlos reservados. Con eso sería suficiente.
Atentamente
Ing. Víctor Manuel Tapia Ramírez
Recuerdan a Heriberto Moreno en el Colegio de Michoacán a 10 años de su fallecimiento
Señor Director: Si lo considera conveniente publicar, adjunto encontrará un texto recordando la vida del historiador Heriberto Moreno García, a quien tanto le debe Michoacán. A diez años de su fallecimiento, hoy 8 de noviembre, quiero poner en el papel algunas líneas que reflejen la intensidad de una vida avocada a la construcción de la Historia.
Heriberto Moreno García nació el 28 de febrero de 1933 en Emiliano Zapata (ex hacienda de Guaracha). Sus primeros estudios los llevó a cabo en Zamora, en el Colegio Morelos y el Instituto Cristóbal Colón, entre 1940 y 1945. Los estudios secundarios los inició en la Escuela Secundaria Federal en 1946, también en Zamora, y los concluyó en la Secundaria de la Universidad Autónoma de Guadalajara en 1951. De ahí pasó a la Escuela Normal Anáhuac de Guadalajara para realizar su carrera como profesor de primaria entre 1951 y 1954. Su examen lo presentó en febrero de 1955.
Posteriormente hizo un curso de Humanidades y Filosofía en el Instituto Salesiano en Chapalita, lo que lo motivó a viajar a Europa y cursar el Bachillerato de Filosofía en el Pontificio Ateneo Salesiano, en Turín-Roma, entre 1957 y 1958. Su licenciatura en Teología y Ciencias Sociales de la religión, también los llevó a cabo ahí entre 1958 y 1962.
De regreso a México, se inscribió en la Escuela Normal Superior y entre 1962 y 1966 realizó la carrera de maestro de historia. Su examen lo presentó en abril de 1979. Motivado por sus cursos como profesor de historia, se inscribió en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM para realizar los estudios profesionales de licenciado en historia entre 1968 y 1976. Le fue otorgado su título en junio de 1978. Iniciado ya en el campo de la historia, prosiguió sus estudios de maestría en la misma Facultad de Filosofía y Letras entre 1977 y 1980. Su grado de maestro en historia lo tuvo en sus manos en noviembre de 1987.
Su obra escrita y el eco que nos queda de sus muy eruditas disertaciones, debieran ser acicate para las nuevas generaciones para entender cuan enriquecedora puede ser la historia para comprender nuestro pasado desde nuestro presente. Su obra resulta ya emblemática e innovadora dentro de la historiografía mexicana, y específicamente para la aproximación a la historia agraria, la historia regional y la historia cultural de biografías intelectuales de observadores y viajeros.
Aquí destaco algunos de sus textos más representativos:
Jalisco, esta tierra, Guadalajara, Gobierno del estado de Jalisco, 1982. Guaracha: tiempos viejos, tiempos nuevos, Morelia, FONAPAS-Michoacán y El Colegio de Michoacán, 1980, con una segunda edición de El Colegio de Michoacán de 1989. Haciendas de tierra y agua, Zamora, El Colegio de Michoacán, 1989. Cotija, México, Gobierno del estado de Michoacán, 1980. Jalisco, perla sobre la arena, México, SEP, 1981.
Heriberto Moreno participó muy activamente en la realización de la Historia General de Jalisco, y tuvo a su cargo la coordinación del tomo IV de la Historia General de Michoacán. Fueron múltiples sus labores docentes y académicas, y llevó a cabo con entusiasmo labores de divulgación de la historia, ya fuese a través de textos para estudiantes de nivel medio y medio superior, como también por medio de artículos en distintas publicaciones periódicas y en el semanario GUIA de Zamora (“Tierra Caliente: amapola, venado y jobero”, “La desintegración de la gran propiedad agraria en México” y “El taller de la historia”). Impartió pláticas y conferencias en distintos ámbitos educativos y académicos.
Su labor como profesor-investigador en El Colegio de Michoacán lo llevó a consolidarse como un historiador con un amplio bagaje teórico-metodológico que compartía con entusiasmo a sus alumnos; varias generaciones de historiadores noveles se formaron con sus atinadas enseñanzas. Impartió cátedra de Historiografía del siglo XVIII español; Teoría y método de la historia oral; Economía y Sociedad, época colonial y etapa nacional; Teorías y métodos de la Historia; Historia y Cotidianeidad; Historiografía de la República Restaurada y el Porfiriato; Instituciones y Estructuras Agrarias en la Historia de México.
Su liderazgo y su capacidad notorias, lo llevaron a ocupar la Coordinación del Centro de Estudios Históricos y posteriormente la Secretaría General de El Colegio de Michoacán. En julio de 1979 había llegado a Zamora invitado por el fundador de El Colegio, el doctor Luis González, para integrarse a la planta de profesores-investigadores.
Heriberto tuvo un momento gratificante para él cuando formuló y coordinó el III Coloquio de Antropología e Historia Regionales sobre el tema de la Desintegración de la gran propiedad agraria en México. Puso mucha pasión ahí porque la historia agraria era una línea de investigación en donde quedaron plasmados sus aportes más acuciosos y relevantes. Todavía durante el primer semestre de 1996, estaba enfrascado en su proyecto de investigación, a la que había dado el título de “Economía y sociedad campesina en el centro-norte de Michoacán, 1821-1910”. El gremio de los historiadores y el Sistema Nacional de Investigadores le reconocían con su nivel III, una vida vivida por la Historia.
Desde su llegada al Colmich, Heriberto se puso “la camiseta” colmichiana, cuya casa de trabajo lo recuerda, y yo en lo personal también, con su docta palabra, su sonrisa amplia, su firmeza, su sensibilidad y compañerismo. Lo recordamos hoy con profunda admiración, por su ausencia de diez años que es a la vez su presencia en la vida de nuestra institución y en nuestras propias vidas.
Heriberto, con nuestra memoria histórica siempre presente.
Atentamente
Verónica Oikión Solano
El Colegio de Michocán
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