Presentan muestra de alfarería del taller Hernández Cano
Ayer se inauguró en el Museo Regional Michoacano la exposición de alfarería producida en técnica al negativo en el Taller Hernández Cano, que por casi dos siglos ha contribuido a la evolución de las técnicas y diseños artesanales en Zinapécuaro. A pesar de lo fuerte y reconocida que es ya esta tradición en el horizonte del arte popular en Michoacán, el artífice Germán Hernández comenta que no ha logrado ganar el interés de las mujeres que ya no se dedican más a la producción de artesanía por considerar que esta actividad no tiene un estatus social de acuerdo a sus perspectivas de vida.
La exposición que alberga el Museo Regional Michoacano muestra también parte del proceso de rescate de la técnica al negativo y sus resultados mejor logrados por los artesanos del Taller Hernández Cano, cuyos miembros Germán Hernández y Bruno Hernández compartieron: “aproximadamente hace 12 años no conocíamos esta técnica. Fueron dos causas por las que trabajamos la técnica al negativo; la primera porque nosotros hacíamos piezas decoradas y esmaltadas, pero con lo que sacaron los gringos de que tenían plomo, el mercado se vino abajo completamente, entonces, se nos vino la idea de hacer alfarería para decoración, pero muy diferente a esto que estamos presentando ahorita y la segunda es porque el INAH anduvo en Zinapécuaro para ver quién le daba al proceso del negativo para hacerles algunas réplicas de piezas prehispánicas”.
“En Michoacán intentaron recuperar esta técnica diez talleres en Zinapécuaro, Santa Fe de la Laguna, Santa Clara y todos los que se dedicaban al barro. Nosotros fuimos los que más o menos nos acercamos a la técnica con réplicas de un vaso enrollado, un incensario en trípode y el Dios Curicaveri. La inquietud del INAH era que sacáramos las piezas al negativo porque esta técnica es prehispánica y como vieron que nos aproximamos en un 50 por ciento a la técnica, nos dijeron que continuáramos y estuvimos dos años en el taller haciendo pruebas y experimentos hasta que al final salió y se fue perfeccionando”, compartió Germán Hernández.
Agregó que la gente poco relacionada con la alfarería difícilmente identificará la técnica al negativo y en razón de ello, explicó a grandes rasgos los procedimientos de su proceso: “se hace la pieza de arcilla, se pule, se mete a la primera quema y se saca para decorar. Inicia el proceso de la segunda quema y al cabo de unas cuatro horas le echamos leña para que no arda, que sólo saque humo, entonces el humo se pega a la pieza y el dibujo desaparece quedando sólo su sombra. Como puedes ver, no son 100 por ciento perfectas las piezas, tal vez de 100 una es perfecta porque es imposible controlar el humo”.
El proyecto del INAH, además de contribuir al rescate de una técnica ancestral, ha contribuido a revitalizar la producción de una familia que se ha mantenido vigente en el arte popular durante más de un siglo gracias a la innovación técnica. Al respecto comentó Germán Hernández: “La familia siempre ha sido artesana, a Zinapécuaro llegó un padre que se llamaba Juan Bautista Figueroa, él metió el esmalte a Zinapécuaro. En ese entonces se hacía mucha cazuela, plato y olla, después pasó de moda y se hicieron cazuelas y platos.
Tal vez se saturó el mercado o no sé que pasó que ya no se vendieron estas piezas, entonces empezamos a hacer vajillas y ahí fue cuando pasó que los gringos dijeron que nada con plomo, eso fue hace como 15 años, entonces decidimos hacer piezas más decorativas y duramos dos años haciendo calabazas y floreros sin ningún tipo de decorados. La técnica se va perfeccionando conforme a las necesidades del hombre. Ahorita estamos con la técnica al negativo de aquí a no sé cuanto tiempo, tal vez podrían ser diez, quince o dos años. Todo va cambiando conforme a las necesidades”.
La familia Hernández Cano es la única que en Zinápecuaro trabaja está técnica al negativo, pues según comentó Germán Hernández, el INAH no les dio autorización para darla a conocer entre el resto de los artesanos de la población, sin embargo, éstos se la han ingeniado para producir una artesanía similar.
Con este rescate, el Taller Hernández Cano ha logrado abrir otro mercado que les permite avizorar otro largo tiempo de tradición familiar que ahora tiene garantía de continuidad en la nuevas generaciones a las cuales pertenece Bruno Hernández: “desde que estaba niño empiezas a garrar el barro y le vas dando formas. Es medio fuerte el trabajo, pero te lo reconocen; en Pátzcuaro nos dicen: ‘¿eres del taller Hernández cano?’ No, pues si. ‘Oye felicidades por tu trabajo’. En ese momento te sientes bien. Mi papá fue el que nos dijo: si quieren alguna vez salirse del trabajo, pues no hay problema. Pero por lo regular nadie se ha salido del trabajo”.
En cuanto a la continuidad de la tradición, Germán Hernández señaló lo que podría ser un punto de quiebre: “El taller lo conforman 18 gentes y es pura familia. Si Dios quiere que esto siga va