Se reconocerá su trayectoria después de 30 años de que se publicó su Informe de labores
Distinguirán mañana al poeta Gaspar Aguilera con el Premio Eréndira
Viene de la generación de escritores como Ramón Martínez Ocaranza y Tomás Rico Cano
El día de mañana, el poeta Gaspar Aguilera recibe la máxima distinción que en el ámbito de las artes otorga el estado de Michoacán: el Premio Estatal de las Artes Eréndira con el que se reconoce su amplia trayectoria en la literatura impelida por la sed de encontrar el vocablo menos inquebrantable de las relaciones humanas, por ello expresó: “a través de la caricia y el cuerpo estaría nuestro más contundente y transparente lenguaje, y a través del erotismo encontramos nuestra verdadera máscara”.
Gaspar Aguilera Díaz nació físicamente en Parral, Chihuahua, el 20 de octubre de 1947 y espiritualmente vio su alumbramiento en Michoacán. Sobre las razones de este doble arribo a la vida compartió con La Jornada Michoacán: “como mi padre era ferrocarrilero jefe de estación, entonces anduvimos de la seca a la Meca en distintos lugares de estados como Durango, Jalisco, Torreón, Guanajuato y finalmente Michoacán”.
“Casi hasta los 10 años tuve esta vida que fue muy interesante porque nos permitió estar en diferentes lugares por una parte, y por la otra, en muchas de ellas en situaciones muy adversas, en lugares tan pequeños que no había luz eléctrica ni mucho transporte. Ahí uno empezaba a leer lo que podía aprender, pero bajo las lámparas de petróleo y en un paisaje totalmente agreste como es el desierto”.
Quizás en ese transitar nómada Gaspar Aguilera cultivó el amor por las ciudades que se volvió un tema recurrente en su poesía y que el propio poeta explica citando al vate peruano Antonio Cisneros: “lo trascendente de las ciudades es la gente que dejas”.
Pero el ferrocarril fue también una presencia que lo condujo a los territorios de la poesía: “mi primer contacto tal vez con el ritmo y la musicalidad de los sonidos y las palabras se dio a partir de escuchar día y noche el ritmo, la aliteración del contacto de las ruedas del tren con las junturas de las vías. Toda esa parte fue muy persistente y se fue incorporando a mi vida cotidiana; en esa medida todas las demás historias que se tejían a través de la gente relacionada con ese ambiente fue muy enriquecedor, aparte del sonido del telégrafo, de la clave Morse en que logré aprenderme el abecedario y a practicarlo ayudándole a mi padre en esas estaciones”.
A pesar de lo vívidos que llegan los recuerdos de la infancia, Gaspar Aguilera reconoce que la etapa de su vida que más ha influido en su oficio de poeta es el final de la adolescencia, pues en ese periodo regresa a Morelia con el objetivo de estudiar; no obstante, encuentra complicidades determinantes sobre las que refiere: “encontré aquí compañeros que estaban con la misma pasión por la poesía y por la literatura como José Mendoza Lara, Gustavo Chávez, Fernando Ramírez y Patricia Magaña, entre otros con los que empezamos a formar un taller de literatura independiente que se llamó Pireni y con los que empezamos a ir cada 15 días, con nuestros domingos, al taller de poesía que se daba en el décimo piso de la rectoría de la UNAM y que en esa época coordinaban con mucha sabiduría y tolerancia autores como Juan Bañuelos y Marco Antonio Campos”.
En ese tiempo, los jóvenes poetas lograron traer a Morelia a escritores como José Emilio Pacheco, Elena Poniatowska, Octavio Paz, Efraín Huerta, Juan Bañuelos, Marco Antonio Campos y José Revueltas. “De tal manera que esa etapa fue muy rica y fructífera por el contacto humano de estos personajes”, señaló Aguilera Díaz.
Con esas figuras tutelares de la poesía, aquellos poetas en ciernes construyeron un universo literario en el que buscaban una voz propia, pero también el eco generacional con fuerte raigambre en la tradición local. “Mi generación es un grupo muy interesante porque venimos de una tradición poético-literaria muy importante a partir de autores como el maestro Ramón Martínez Ocaranza, Tomás Rico Cano, Francisco Alday y Carlos Eduardo Turón, entre muchos otros, de tal manera que se están encadenando las generaciones porque después de la mía hay otra corriente muy interesante con autores como Francisco Javier Larios, Marco Antonio Regalado, Margarita Vázquez y Neftalí Coria, por señalar sólo algunos, por eso creo que goza de un estado muy vital la poesía michoacana”, puntualizó Gaspar Aguilera.
Treinta años después de haber dado a conocer su primer poemario (Informe de labores) como finalista en el Premio Nacional de Poesía de Aguascalientes, Gaspar Aguilera se descubre como un poeta que, a pesar de maduro, sigue teniendo muchas preguntas y quizás buscando el mismo misterio de la poesía. Pero al considerar que hasta hoy no ha escrito un libro que lo defina como poeta, hace que su voz se revele como una fuente inagotable.