Al rescate de heroísmos históricos - La Jornada Michoacán
Usted está aquí: miércoles 19 de noviembre de 2008 Opinión Al rescate de heroísmos históricos

DANIEL MÁRQUEZ MELGOZA

Al rescate de heroísmos históricos

Carlos Matos Moctezuma impartió una conferencia en el CCU con motivo del aniversario 35 de la Facultad de Historia de la UMSNH
Carlos Matos Moctezuma impartió una conferencia en el CCU con motivo del aniversario 35 de la Facultad de Historia de la UMSNH Foto: IVAN SANCHEZ

Como a todos nos consta, los “héroes” de la patria se han puesto de a peso. Por ello, nostálgico, mientras cruzaba en ambos sentidos estos dos últimos días la fértil cañada donde estuvo la antigua hacienda de Tahuejo, me vino a la mente José María Morelos, quien había sido amo y señor de esos parajes durante su adolescencia y juventud, entre los años 1779-1790. Mientras pasa esa marejada de heroísmos falsos, vale la pena ocupar la mente en los verdaderos, de lo cual quiero servirme para socializar con mis lectores lo que por acá, Parácuaro, se intenta hacer para celebrar tanto el Bicentenario de la Independencia, como el Centenario de la Revolución Mexicana.

Comenzaré por ésta última, pues es lo más inmediato en el tiempo en cuanto a acciones concretas: la representación de El Tigre de Tierra Caliente, el 15 de noviembre en la plaza principal, pequeña obra de teatro a través de la cual se busca recrear el ambiente de rebelión local, con la instalación de una junta revolucionaria, contra el dictador Victoriano Huerta, encabezada por Cenobio Moreno y un puñado de vecinos cuyos apellidos sobreviven todavía hoy y llevan orgullosos varios paracuarenses. La obra, escrita y dirigida por una joven teatrera egresada de la Escuela Popular de Bellas Artes, de la Universidad Michoacana, Valentina Freire Ochoa, será montada con dos actores de teatro y jóvenes de la secundaria federal local.

En el mismo marco del centenario de la Revolución Mexicana se inscribe la conferencia que dictará el viernes 21 de noviembre Alonso Torres Aburto, director de la Escuela de Historia, referida a los años 1913-14.

Al regresar al Bicentenario de la Independencia, en lo inmediato como acción concreta debe mencionarse la conferencia que dictará el viernes 21 de noviembre María Isabel Marín Tello, también de la Escuela de Historia de la Universidad Michoacana, quien aportará luces sobre la República de Indios de Nuestra Señora de la Asunción Parácuaro, en el periodo último de la etapa virreinal, 1779-1810.

Hasta ahí las realizaciones concretas del bicentenario, porque lo demás cae en los terrenos de la agenda de la imaginación, con los buenos deseos de poder concretar en el futuro una a una acciones como las siguientes: publicaciones, concursos infantiles y juveniles de dibujo y pintura, conferencias, cabalgatas, monumentos escultóricos, obras de teatro.

Nos interesa mucho iluminar el periodo de estancia de Morelos en Tahuejo, pues los textos históricos y biográficos aportan pocas luces, por lo cual es de saludar y festejar que Marín Tello vaya a referirse a esa etapa en Parácuaro.

Lo más natural es que los homenajes se hagan de la etapa cimera de los héroes, cuando más brillo y destellos emiten, pero acá por el contrario queremos centrarnos y familiarizarnos con el Morelos joven de carne y hueso de la etapa preheroica, para enfatizar que nos importa el hombre común y corriente, aquel que siendo hecho de pasta humana, supo en su edad adulta trascenderla y colocarse en el altar patrio con un reconocimiento que no admite dudas ni regateos.

A partir de los datos y opiniones que aportan historiadores y biógrafos de José María Morelos, e incluso de literatos, como Pedro Angel Palou, en su novela Morelos. Morir es nada (2007), queremos valernos para alimentar a niños, jóvenes y adultos del municipio, del legítimo orgullo de haberlo poseído, como desde el lejano 1825 ya nos lo sugería el político e historiador Carlos María de Bustamante, cuando predijo que Morelos haría en las edades futuras la gloria de Michoacán, y en particular: “Tahuejo, Apatzingán, Valladolid y Nocupétaro se enorgullecerán justamente de haberle poseído, así como el inmenso territorio de Anáhuac de haber sido teatro de sus afanes guerreros, y el grande objeto de su cariño, objeto por cuya libertad exhaló su último suspiro en el cadalso (Tres estudios sobre don José María Morelos y Pavón (edición facsimilar), por Carlos María de Bustamante. México, UNAM. Instituto de Investigaciones Bibliográficas, 1963. 125 pp).

Son pocos los datos históricos de que se disponen sobre la estancia de José María Morelos en la hacienda de Tahuejo; los textos lo más que dicen es que llegó en 1779 a la edad de 14 años a realizar tareas del campo bajo la custodia de su tío Felipe Morelos Ortuño, quien administraba la hacienda, productora de añil. Su madre, doña Juana Pavón lo llevó allí para solventar su difícil situación económica tras el abandono de su marido Manuel Morelos, de oficio carpintero, quien había huido a San Luis Potosí.

Nos dice uno de los biógrafos de Morelos, Rubén Hermesdorf: “El adolescente permaneció aquí otros once años, de 1779 a 1790, y continuó su educación, ya no en las aulas de la escuela primaria, sino en el amplio y despejado campo michoacano, montando potros, lazando novillos, cazando, arreando recuas y, en fin, haciendo las rudas labores campiranas que endurecieron sus músculos y le enseñaron a bastarse sin ayuda ajena. Aquí aprendió a ser jinete incansable. Después, el galope de su caballo haría estremecer a los soldados españoles; más tarde, el eco de los cascos de su cabalgadura retumbaría en las páginas de la historia (Morelos, hombre fundamental de México, 1958).Más adelante: “Hasta los 25 años permaneció (allí) en comunión directa y entrañable con las fuerzas de la naturaleza…”

Supone el mismo biógrafo, hablando de Tahuejo: “Aquí sus sentimientos eróticos debieron despertar. Un joven normal, robusto, sano, no podía sustraerse al llamado imperioso. El fuego de la juventud, el temperamento varonil, el disfrute de completa libertad, el clima ardiente, la belleza de las muchachas de la región, todo se complementaba para que el alma de Morelos se abriera en floración amorosa. Las mozas de Apatzingán recibieron los primeros homenajes amorosos de aquel joven. Sus figuras se han perdido en las brumas del tiempo, pero aparecerían a menudo en los mejores recuerdos del insurgente…” (pp 43-44)

En su novela Pedro Ángel Palou pone en boca de Jerónima, una de las tres mujeres que Morelos reconoció haber tenido: “No necesito imaginarme cómo eran las jornadas de José María en Tahuejo. Los días negros y los días claros; también los días sin color alguno. Me los contó una y otra vez como si estuviese viéndolos pasar de nuevo, tanto tiempo después. El amor desvela todos los secretos, qué cierto esto. Voz de mi amado que ahora oigo clarísima que viene desde las montañas y entra a mi dormitorio en esta fría casa de piedra.

“Morelos toda la vida guardó cariño por el tío Felipe y por los años pasados en Tahuejo. Pero lo que sucede, si Vuestra Merced me permite expresarlo así, es que la memoria hace dulce lo agreste y suaviza hasta el peñón más escabroso. Derramó muchas lágrimas en esos primeros años lejos de su madre. Y se hizo fuerte, como se hacen recios todos los hombres solos. Vuestra Merced se preguntará acaso en qué sueña un huérfano más allá de la obvia carencia de sus padres. Sueña en ser, porque se reconoce fantasma, espectro, invisible, si lo sabré yo. Allí acumula ansia, fuerza y paciencia. Se las enseña el dolor, el peso terrible de la pérdida. Los diez años de Tahuejo, como él los llamaba al recordarlos y lo hacía con frecuencia, lo formaron mejor que todas las gramáticas y los latines de sus años posteriores como estudiante de Teología”.

Lo anterior parece ser el primero y hasta hoy único acercamiento artístico a esta etapa de Morelos en Tahuejo. Mientras surge más información de historiadores y biógrafos, queremos con la que disponemos inflamar a nuestros niños y jóvenes, a nuestros artistas, a nuestros jóvenes cabalgantes, para que imaginen y sueñen con una iconografía distinta, hasta hoy no imaginada ni plasmada de un Morelos adolescente o en plena juventud.

 
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