Festival Cultural Mundial de la Digna Rabia - La Jornada Michoacán
Usted está aquí: lunes 5 de enero de 2009 Opinión Festival Cultural Mundial de la Digna Rabia

FERNANDA NAVARRO , I PARTE

Festival Cultural Mundial de la Digna Rabia

Intentaré resumir la multiplicidad de actividades desplegadas desde el 26 al 29 de diciembre en el Lienzo Charro (D.F.) hasta el día 3 de enero, en San Cristóbal de las Casas, con la idea de continuar posteriormente, ya que no es sino hasta hoy 5 de enero que termina este Festival. El objetivo principal de este Festival es posibilitar un encuentro de las distintas rabias, conocerlas, enlazarlas y acompañarlas con el fin de encauzarlas por vías que no sean tan violentas como se anuncian no sólo en México sino por todo el planeta.

Ante la imposibilidad de cubrir todo el Festival: mesas redondas, eventos culturales (música, danza, poesía, fotografía) me centraré en las ponencias que seleccioné arbitrariamente, según mi criterio. Entre las más sobresalientes, sin seguir estrictamente el orden de presentación.

En el D.F. destacaré la de John Holloway, de Irlanda, autor del polémico libro Cambiar el mundo sin tomar el poder. Cuando activistas tanto de izquierda como de derecha lo critican escandalizados

“¡Pero cómo se le ocurre! ¿Qué se puede hacer sin el poder?” El les contesta: “¿y qué se ha hecho con el poder, a lo largo de la historia? Un retorno a la barbarie, ¿no es así?”.

Hubo otras exposiciones de gran calidad tanto en el terreno de la teoría como de la práctica política, experiencias de lucha, resistencias y rebeldías.

El Año Nuevo se celebró en Oventic, caracol zapatista de los Altos de Chiapas. Varios autobuses se dirigieron hacia allá el 30 de diciembre y el último día del año fue música, baile y encuentros multitudinarios de todos los tamaños, lenguas y colores entre los mil quinientos mexicanos de colectivos zapatistas de varios estados y los más de 600 extranjeros que se dieron cita ahí para compartir sus experiencias como miembros de comités de solidaridad con Chiapas en lucha. Era un singular paisaje geográfico y humano, no fácil de reproducir, en una atmósfera que oxigena, sobretodo si se la compara con la del resto del país.

El día 2 de enero se iniciaron las mesas redondas en la Universidad de la Tierra, en San Cristóbal. Empezaré con la participación de Grecia por vincularse con mis artículos anteriores. Dos jóvenes griegas hablaron de la reciente explosión que se ha extendido ya hasta abarcar 50 ciudades del país y cuyo contagio ha cruzado fronteras, prendiendo ya en España, Francia, Italia y Alemania. La presencia de ellas dio una increíble fuerza y vivacidad al relato de esta experiencia que aún no termina: “una rabia pendiente que se viene acumulando en diversos grupos y sectores de la población por la falta de legitimidad del gobierno conservador” (cualquier semejanza con México es una mera coincidencia). Para ellas no se trata de una rabia ciega ni de un afán de venganza por parte de los excluidos, sino de “un sentido de justicia”. El detonador fue la muerte de un joven, Alexis, en manos de la policía, hace cerca de un mes. A partir de entonces estallaron muchas rabias contenidas, sobretodo en el ámbito estudiantil. “Fue un ¡Ya Basta! al sistema educativo neoliberal que pretende marcar el camino y el paso, con falsas promesas de “éxito”, cuando en realidad se les está negando un futuro a la juventud.

Se rebelan contra el desprecio por las Humanidades de los nuevos planes estudio y la prioridad conferida a la tecnología, el comercio, la computación y el turismo; es decir, a materias que adormecen el pensamiento crítico y refuerzan los valores del capitalismo donde todo se compra y se vende. En otras palabras, contra esa educación que fortalece al sistema actual.

Mas con el despertar de los estudiantes –que hoy parece alcanzar un grado mayor– se está desmantelando ese sistema educativo y económico, con la crisis que recorre el mundo –y no exactamente como un fantasma. Uno de los carteles en la Universidad de la Tierra, donde se celebra este festival en San Cristóbal de las Casas, rezaba: Merry Crisis and Happy New Fear (Feliz Crisis y Feliz Miedo Nuevo). En ese despertar y desplegando gran creatividad e imaginación, están poniendo en tela de juicio no sólo la educación sino la política y el concepto de representación. Califican este momento de protesta como “un parto difícil” que, sin embargo, está alumbrando el camino a nuevas formas de hacer política y de relación humana, a una democracia participativa donde no hay jerarquías ni un pensamiento único. Todo lo discuten en asamblea. “Todo esto asusta a los guardianes del orden” afirman, pues los que participamos somos inclasificables e incontrolables, hay un anonimato colectivo. Los jóvenes exigen un futuro distinto, como lo expresa una de sus consignas: ¡Nada debe ser igual mañana! ¡Ya Basta! ¡La fuerza del arte y la cultura y la rabia parirá un nuevo mañana!

Otra intervención que no puedo dejar de mencionar es la de Hugo Banco, luchador campesino del Perú, quien con gran elocuencia narró episodios de su larga experiencia de lucha por la tierra, entusiasmando a todos los asistentes. Empezó diciendo que, a diferencia de sus tiempos de juventud y madurez cuando se luchaba por una sociedad más justa, hoy día se trata de una lucha por la supervivencia de la humanidad. Planteó lo que para él constituyen los dos principios fundamentales: 1) la organización comunitaria, inherente a las culturas indígenas y 2) al amor a la naturaleza, a la Pacha Mama. Y afirmó que hoy más que nunca son estos dos principios los que el neoliberalismo ataca. Y los resultados ya se han hecho sentir con el calentamiento global, el uso de los agroquímicos. “Los señores de la ciudad no van a aprender hasta que no se vean obligados a comer cemento, piedras y barrotes”.

En sus largas y continuas luchas que le costaron años de prisión y tres deportaciones, aprendió con sus compañeros a no esperar apoyo ni solución de nadie más que de ellos mismos. Les hizo un reconocimiento a los zapatistas por su nueva forma de hacer política, sin vanguardismo y sin tirar línea, sino recogerla y acompañar las diferentes luchas y resistencias locales regionales, respetando sus tiempos y condiciones. Por no pretender ser modelo para nadie. “El zapatismo es una prueba de que es posible que una sociedad se forje a sí misma”.

Como indígena y como campesino, Hugo Blanco señaló que para los indígenas no ha habido nunca ni Independencia ni Revolución. Han dado mucha sangre y muchos muertos en la historia de nuestros países. Hoy ha llegado el tiempo de vivir. Estamos por la vida, ya no estamos dispuestos a vivir para morir. Y sabemos que la clave para vivir es organizarnos –lección zapatista. Nuestras luchas deben ser y estar siempre en movimiento, como el agua. Y en la lucha, en este calendario global, debemos unirnos los campesinos, los indígenas con los trabajadores de la ciudad, los ambientalistas, los maestros y los estudiantes… para influir finalmente en la actual crisis del capitalismo!

 
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