Biofilia
◗ La vida en rosa en las Galápagos
Cuando Carlos Darwin visitó el archipiélago de las Galápagos en septiembre y octubre de 1835, encontró en las diferentes islas dos tipos de iguana. En las memorias de su viaje en el Beagle, Darwin no oculta su aversión por estos animales. La forma acuática, escribió, “es una criatura de aspecto horrendo, de color negro sucio, estúpida y torpe en sus movimientos.” Por su parte, las iguanas terrestres, de acuerdo con el naturalista inglés, “son animales horribles, de color anaranjado amarillento por abajo y café rojizo por arriba (...) y tienen un aspecto particularmente estúpido”. Aunque Darwin observó diferencias importantes entre las dos iguanas, incluyendo las adaptaciones de la forma acuática para su peculiar hábito de alimentarse de algas marinas, no discutió a fondo estos animales en El origen de las especies, publicada 24 años después.
En la actualidad se considera que las iguanas marinas de las Galápagos constituyen una especie y que las terrestres forman dos especies adicionales. Se piensa también que las tres especies evolucionaron a partir de un ancestro común que habría llegado a lo que ahora es el archipiélago de las Galápagos hace varios millones de años. Desde la visita de Darwin, las iguanas de las Galápagos han sido estudiadas por innumerables grupos de investigadores como un ejemplo de diferenciación de las especies a través de adaptaciones a diferentes ambientes. Las iguanas marinas han desarrollado, por ejemplo, pequeñas membranas entre los dedos de las patas que les permiten desplazarse ágilmente en el mar para encontrar su alimento. Existen pocas especies de reptiles en el mundo que hayan recibido tanta atención por parte de los científicos.
Por ello, llamó tanto la atención el anuncio, publicado la semana pasada, del hallazgo de una nueva especie de iguana en la isla Isabela, la más grande del archipiélago. Aún más sorprendente fue la característica más conspicua de esta nueva forma: se trata de una iguana de color rosa. Desde 1986 los cuidadores del parque nacional habían dado cuenta de la existencia de estas iguanas en el norte de la isla. No fue, sin embargo, hasta el año pasado que los científicos comenzaron a considerar seriamente la posible existencia de una tercera especie de iguana terrestre en las Galápagos.
Un equipo de investigadores, encabezados por Gabriele Gentile, de la Universidad Tor Vergata de Roma, capturó iguanas en diferentes sitios de cuatro de las islas principales del archipiélago. Los científicos corroboraron la existencia de iguanas de color rosa con rayas negras, claramente diferentes a las rojizas que forman las dos especies comúnmente reconocidas. Las iguanas rosas fueron halladas únicamente en el volcán Wolf de la isla Isabela.
Los investigadores tomaron muestras de sangre de más de 100 iguanas, incluyendo 15 de la forma rosa, para obtener ADN. Al analizar la similitud del material genético entre los individuos, resultó claro que las iguanas rosadas forman un grupo reproductivo separado que los científicos interpretaron como una especie diferente. Lo más sorprendente, sin embargo, fue encontrar que la nueva especie resultó ser la más antigua de las tres. De acuerdo con las estimaciones del grupo de Gentile, la iguana rosa se separó evolutivamente de las otras dos especies hace poco más de 5 millones de años.
Los resultados de Gentile y sus colaboradores plantean un auténtico enigma científico. Hace 5 millones de años no existía ninguna de las islas que actualmente constituyen el archipiélago de las Galápagos. Esto significa que la separación evolutiva de las especies de iguanas debió suceder en islas que ya no existen. Esta hipótesis en realidad no es tan descabellada, dado que la zona de las Galápagos es muy activa geológicamente hablando y a lo largo de millones de años las islas han aparecido y desaparecido en este lugar. Otro enigma interesante surge al preguntarse por qué las iguanas rosas están actualmente restringidas al volcán Wolf, mientras que las otras dos especies terrestres se distribuyen en amplias zonas de varias de las islas. Y por supuesto, queda también pendiente una explicación para el color tan peculiar de estos animales.
Durante cinco semanas, Darwin realizó exploraciones cuidadosas de varias zonas de la isla Isabela, pero nunca visitó el volcán Wolf, por lo que nunca observó las iguanas rosadas. Es interesante especular sobre qué hubiera sucedido si Darwin se hubiera topado con la nueva especie de iguana. ¿Habría encontrado a las vistosas iguanas rosas tan “horrendas” y “espantosas” como sus primos anaranjados? ¿Habría aumentado su interés por estos animales y los hubiera incluido con mayor amplitud en El origen de las especies? Es difícil saberlo.
*Centro de Investigaciones en Ecosistemas, UNAM, campus Morelia