Pintura, escultura, joyería, labrado en cobre y el arte textil en la riqueza de su oferta
Michoacanos exponen en Alburquerque amplio abanico de propuestas artísticas
Son diez los artistas que integran la muestra de la galería Bakira Fine Art
La falta de proyección internacional para el arte michoacano ha sido uno de los problemas que constantemente han tenido que sortear los creadores visuales de la entidad; sin embargo, se han logrado avances importantes en ese sentido, tal como lo demuestra un grupo de creadores michoacanos que a partir del viernes exponen en la Galería Bakira de Albuquerque, Nuevo México, donde los lenguajes del arte contemporáneo se conjugan con las técnicas artesanales tradicionales para ofrecer un vasto horizonte de las posibilidades creativas que se dispersan en nuestra geografía.
Son diez artistas los que integran la exposición en la Bakira Fine Art, de los cuales al menos ocho son originarios de Michoacán o han desarrollado su propuesta artística abrevando del bagaje cultural en distintos pueblos de la geografía estatal. En conjunto, generan un abanico artístico rico en lenguajes que atraviesan la pintura, la escultura, el arte textil, la joyería y el labrado en cobre.
Con esta galería, Vivían Ireta, promotora del arte visual, pretende crear canales para la difusión y promoción de los artistas mexicanos, ofreciendo al público una oferta rica en propuestas que vayan de lo artístico a lo artesanal y la fusión de ambas técnicas y lenguajes. La presencia de un nutrido grupo de creadores michoacanos, puede representar la apertura de una ruta hacia la proyección del arte estatal en Estados Unidos, que se ha vuelto el principal receptor de las propuestas artísticas de Michoacán.
En la Galería Bakira, tiene una importante presencia el arte grafico de nuestro estado a través de los creadores Raúl Calderón Gordillo, Mizraim Cárdenas y Juan Pablo Luna, quienes son contemporáneos, pero desarrollan discursos muy diversos entre sí. Raúl Calderón Gordillo ya ha definido un estilo en el que convergen algunos rasgos urbanos, tanto en los temas como en las propias formas que recuperan la gestualidad de las grandes ciudades; Mizraim Cárdenas oscila entre lo urbano y una figuración de aliento surrealista que obedece a una constante propensión a la experimentación con los materiales, en tanto Juan Pablo Luna impregna su discurso gráfico con un erotismo que combina atinadamente con la voluptuosidad de la naturaleza y las tradiciones mexicanas como el carnaval.
En el ámbito de la pintura destaca la participación de Rubén Chulea que también indaga en la escultura. Este autor se regodea en la explosión cromática de sus abstracciones, logando tocar al espectador con texturas y la espontaneidad de un trazo que lo mismo indaga en el rigor geométrico de la composición, que en la soltura del accidente. También en pintura presenta su obra Rubén Morales, quien se mantiene alineado en la vertiente del costumbrismo, aunque toma distancia de lo realista para indagar más en lo expresionista con sus nerviosas pinceladas y ricos cromatismos.
Más cercanas a las técnicas artesanales se encuentran las propuestas de Martha Vargas, Gabriela Vargas y Abdon Punzo. Nutrida por la magia de los orfebres en Pátzcuaro, pueblo en el que vivió, Martha Vargas muestra la refinación de su joyería donde las materias de la naturaleza se conjugan con la sofisticación de sus diseños; Gabriela Vargas también abreva de las comunidades indígenas y su gran tradición en el arte textil, para resignificar las técnicas al aplicarlas a elementos utilitarios, y Abdon Punzo difumina los limites entre el arte y la artesanía mediante su trabajo en cobre, pues este artista formado en una familia de artesanos de Santa Clara del Cobre da un vuelco a los diseños tradicionales y hace de los objetos utilitarios un discurso sobre la belleza.
A través de estos creadores, Michoacán esplende en Albuquerque con una diversa muestra de los antiguos saberes artesanales, pero también con una muestra del promisorio futuro que sus artistas tienen en el arte contemporáneo.