Por la ciudadanización de nuestros héroes
Si las palabras Bicentenario y Centenario este año se están llevando hasta el extremo del abuso, la chunga y el desgaste de su significado, como llamarle bicentenaria a la pelota con que se está jugando la liguilla de futbol, a nadie debe extrañar que una feria del jitomate se haya decidido realizar en el marco del Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución.
En efecto, ayer jueves 13 de mayo, en rueda de prensa se dio a conocer en el Museo del Estado, en la ciudad de Morelia, la realización, bajo esa doble advocación, de la primera Feria del Jitomate Parácuaro 2010, del 20 al 23 del mes que corre. Estuvieron presentes la directora de Ferias (Cofeeem), Araceli Salgado García, y el presidente municipal de Parácuaro, Manuel Sánchez Pardo, así como miembros del comité organizador de la feria. En una ambientación del recinto con pinturas de jitomate, de entrada la Cofeeem proyectó un promocional sobre Parácuaro y el jitomate; los organizadores dieron sus razones para la organización del evento. Los asistentes, representantes de los medios, pudieron degustar un par de platillos elaborados con base en el jitomate, por una escuela de gastronomía.
En este espacio quiero referirme a un experimento que se llevará a cabo para hacer llegar a todos los niveles educativos del municipio de Parácuaro las ideas del Bicentenario y Centenario, aprovechando una circunstancia local favorable: el municipio de Parácuaro cuenta con dos situaciones de qué presumir (como dice una canción michoacana): en cuanto al Bicentenario, destacar los 11 años que José María Morelos y Pavón vivió en Tahuejo, rancho o hacienda que pertenecía a la República de Indios Asunción Parácuaro; en cuanto al Centenario, hacer saber que un hijo de Parácuaro tomó las armas, junto con un puñado de ciudadanos (la Junta Revolucionaria de Parácuaro), para luchar contra el dictador Victoriano Huerta: el coronel Cenobio Moreno Bucio.
En este experimento participarán las secretarías de Educación (SEE) y de Cultura (Secum), y la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH). A nivel local, un grupo de estudiantes de los planteles de educación media superior serán los transmisores de las ideas libertarias a los más pequeños: Preparatoria Educación y Patria y el plantel del Colegio de Bachilleres.
Jóvenes historiadores del Instituto de Investigaciones Históricas de la UMSNH están aportando sus conocimientos de la Independencia y de la Revolución para empapar al grupo de estudiantes preparatorianos en los conocimientos sobre esas gestas históricas, en lo general, y en lo particular, referido a la realidad paracuarense.
La SEE aportará la participación de niños y jóvenes de la totalidad de los planteles educativos del municipio. La Secum aportará los materiales necesarios para los talleres de dibujo y pintura en los que niños y jóvenes buscarán plasmar las imágenes de José María Morelos en los años que vivió en Parácuaro como un ciudadano común y corriente, realizando algunas de las muchas tareas que cualquier habitante de esa región de fines del periodo colonial llevaba a cabo en los ranchos de Los Nopales, Los Ticuiches, Tahuejo o en las haciendas de Orejón y Marfil, atenidos a información de la historiadora María Isabel Marín Téllez, de la Facultad de Historia de la UMSNH: Los bienes de la comunidad de Nuestra Señora de la Asunción Parácuaro, 1787-1810. Ranchos y haciendas en los que eran usuales los cultivos de arroz, caña de azúcar y añil, así como la cría de ganado con las actividades que le son propias.
Con frecuencia se escucha la recomendación crítica de que hay que bajar a nuestros héroes de los monumentos, de los caballos de bronce, de los discursos encendidos en los que se les diviniza, para verlos en su humanidad cotidiana, de carne y hueso. En Parácuaro no se intentará bajarlos ni de los monumentos ni de los caballos triunfales, pues se les buscará imaginar antes de que se subieran a ellos, cuando andaban a ras de tierra en la brega diaria, codo con codo con sus iguales: los rancheros, los hacendados, los jornaleros, realizando lo mismo tareas productivas que quehaceres de recreación a pie o a lomo de caballo.
El mismo ejercicio sobre José María Morelos que sobre Cenobio Moreno Bucio, quienes con diferencia de un poco más de cien años transitaron los mismos parajes que hoy son el núcleo principal de los cultivos de jitomate en el municipio de Parácuaro, del ciclo agrícola de riego enero-mayo.
En general, no existe iconografía de nuestros héroes nacionales en sus etapas de ciudadanos comunes y corrientes; nuestros artistas visuales han preferido plasmarlos en los momentos que parecen ser más trascendentes, cruciales, de su vida militar y/o política; ello ha contribuido a crear la ilusión de que los héroes lo han sido de tiempo completo, de principio a fin, sin haber cumplido una etapa ciudadana de formación en una realidad en la que hombres y mujeres encuentran los aprendizajes que puedan dimensionar su futuro en la comunidad donde viven y se desarrollan.
Se ha dicho que lo que se hará en este aspecto en el marco de la feria del jitomate será un ensayo con miras a lo que se podrá ampliar y profundizar para las fechas señeras del Bicentenario y Centenario: las fiestas de la Independencia en septiembre y las de la Revolución en noviembre. Lo que hoy es un ensayo de búsqueda de iconografía fresca, ingenua, original, infantil, de Morelos y Cenobio Moreno, mañana podrá convertirse en un concurso formal de dibujo y pintura, en el que haya premios para estimular a los niños y jóvenes que realicen los mejores trabajos.
Este experimento de Parácuaro con los niños y jóvenes intenta ser un ejercicio de ciudadanización de nuestros héroes, en momentos críticos en los que la realidad nacional demanda heroísmos para el simple ejercicio cotidiano de sobrevivir.