Felipe Vicencio Álvarez En la última escena del corto un grupo de niños mira serio a la cámara. Con expresión de preocupación una niña
Felipe Vicencio Álvarez
En la última escena del corto un grupo de niños mira serio a la cámara. Con expresión de preocupación una niña interpela a los cuatro candidatos a la Presidencia: “Se acabó el tiempo… ¿Van a cambiar el futuro de nuestro país?” El corto Niños Incómodos ha provocado las más diversas reacciones. Desde quienes lo recibieron con la más amplia simpatía como expresión fidedigna del sentir mayoritario, hasta quienes ven en él una burda manipulación que distorsiona la realidad. Lo cierto es que se trata de un material que ha logrado su propósito: provocar la reflexión sobre la situación que vivimos y sus posibilidades de solución. Patrocinada por la organización Nuestro México del Futuro –que respalda la compañía de seguros Nacional Provincial- la iniciativa forma parte, según informa su portal de Internet, de un esfuerzo por dar voz a los mexicanos para que den a conocer cómo imaginan el México del futuro. Informan que ya han recabado millones de opiniones y que pronto las editarán para entregarlas a los cuatro candidatos a la presidencia. El corto sería el primer producto que expresa las preocupaciones mayormente sentidas.
El video no sólo ha logrado una amplia difusión en México. Ha dado prácticamente la vuelta al mundo generando comentarios lo mismo en Italia que en Chile, donde se subraya que el país está desgarrado por la violencia y que el video ha provocado un encendido debate. Los candidatos a la Presidencia se han visto comprometidos a decir que el material refleja problemas que hay que atender y que ellos están dispuestos a encargarse de ello. Su elaboración y difusión ha provocado muchos comentarios. Es indiscutible su factura de primera categoría. Colocar a menores de edad interpretando papeles de adulto resulta eficaz para sacudir las conciencias. Niños en el papel de secuestradores, policías corruptos, narcotraficantes y políticos irresponsables provocan la pregunta necesaria: ¿qué país le estamos dejando a la próxima generación?
Al video se le ha criticado excluir de su crítica a la iniciativa privada, que parece sólo víctima y no corresponsable del estado de cosas que prevalece actualmente en México. ¿Por qué no incluir también, se propone, a un empresario influyente que ofrece soborno a la autoridad para conseguir un contrato multimillonario, por ejemplo de seguros, como los que vende precisamente GNP? ¿Por qué no otro que evade impuestos u otro que paga salarios de miseria a sus empleados? Pero la deficiencia del corto que resulta más inquietante es sin duda el hecho de presentar a la sociedad, frente al conjunto de hechos que enumera, como espectadora. La escena final es muy expresiva e inquietante. Los niños, que antes fueron protagonistas, aparecen ahora quietos, mirando a la cámara en espera la respuesta. Los promotores del mensaje asumen que la solución vendrá de otros, específicamente del próximo Presidente de la República, a quien le atribuyen el poder mágico de “cambiar el futuro del país”. Los que representaron al México sórdido no pudieron tener un papel protagónico en la solución. Y eso sí es lamentable, porque sólo la participación amplia de los ciudadanos puede asegurar que el país se reoriente hacia un mejor horizonte.
Hace muchos años Efraín González Luna planteaba precisamente “la deserción del deber político, como raíz de los males de México”. La falta de disposición de los ciudadanos a participar en los asuntos públicos como causa de su descomposición. Y el corto no sólo no considera importante esta participación, sino que refuerza la actitud pasiva de la sociedad al depositar en un liderazgo político el destino de la nación entera y al colocar al resto de los mexicanos como meros espectadores o cuando mucho como víctimas. Esa es precisamente la crítica que el propio González Luna enderezaba contra la burguesía de aquel tiempo y que ahora se descubre sin querer en el enfoque del video: “característica de la burguesía mexicana […] que sueña en trabajar en paz sin ocuparse de oír hablar de actividades políticas”. Niños Incómodos es sin duda una buena iniciativa que suscita el debate y mueve a la reflexión, pero que falla al desactivar, voluntaria o involuntariamente, al principal factor de cambio: la participación ciudadana.