Daniel Márquez Melgoza En febrero pasado, España recuperó el tesoro encontrado en un navío suyo hundido por la flota inglesa en 1808 en las
Daniel Márquez Melgoza
En febrero pasado, España recuperó el tesoro encontrado en un navío suyo hundido por la flota inglesa en 1808 en las costas de Portugal. Se trata de 500 mil monedas de oro y plata acuñadas en Lima, Perú, en 1796, con la efigie del monarca Carlos IV, que pesaron cerca de 16 toneladas. En 2007 hizo el hallazgo la empresa estadunidense Odyssey, especializada en la búsqueda de tesoros en barcos hundidos, pero luego de un litigio internacional fue obligada a devolver el tesoro a su “legítimo“ dueño.
Tiempo después, 216 años, sangre de aquella sangre real continúa actuante: en abril de este año el rey español Juan Carlos se fue de zafari a Botsuana, en el sur de África, a cazar elefantes, mientras los españoles se debaten en una crisis financiera de época que ha obligado al gobierno de Mariano Rajoy, del Partido Popular, a tomar medidas extremas e impopulares para complacer a la Unión Europea y al Fondo Monetario Internacional, que ha llevado a los jóvenes y trabajadores de España a tomar las calles y plazas públicas para demostrar su descontento. En tanto, el ocio improductivo de la monarquía española sobreviviente se vio expuesto ante el mundo cuando el rey Juan Carlos sufrió la fractura de la cadera derecha mientras practicaba tan sustentable deporte: exterminar paquidermos en un país subdesarrollado de África. Pero el rey Juan Carlos ofreció disculpas al pueblo español y asunto arreglado.
El lunes 16 de abril, Cristina Fernández de Kirchner, presidenta de Argentina, anunció la decisión de su gobierno de intervenir la petrolera YPF, filial de la Repsol española, y con ello expropiar 51 por ciento de la empresa. Con la medida, el gobierno argentino “busca dar al país libertad para decidir su política energética y recuperar un perdido autoabastecimiento…” (La Jornada, 17/04/2012). Es que se culpa a Repsol de la caída en la producción de hidrocarburos, que ha obligado al gobierno a importar combustibles, lo cual erosiona el superávit comercial del país. Se habla de que han tenido que erogar más de 9 mil millones de dólares en 2011 por importar gasolinas. Escuché decir a la embajadora de Argentina en México, Patricia Vaca Narvaja, que lo que los argentinos se plantean es impulsar “una empresa que acompañe al proyecto nacional, que desde hace nueve años lo viene haciendo a una tasa de crecimiento del 8 por ciento”.
Sin ninguna envidia de nuestra parte, sino todo lo contrario, desde nuestro pobre crecimiento en 30 años, que no pasa del 3 por ciento si bien nos va, surgió la voz “autorizada” y hasta “gratuitamente” oficiosa del presidente Felipe Calderón contraviniendo la tradicional política exterior mexicana de ser respetuosa de las decisiones de países soberanos; el presidente mexicano calificó de irresponsable y muy poco racional la decisión de expropiar la empresa petrolera Repsol-YPF.
“La expropiación no es un acto racional, porque el peor incentivo para un inversionista es invertir en un país así, sostuvo…”
“El PAN fue fundado por empresarios, banqueros, terratenientes e intelectuales de derecha para oponerse al movimiento progresista y antiimperialista que encabezó el gran presidente Lázaro Cárdenas del Río. La fundación del PAN se aceleró a partir de la Expropiación Petrolera y se concretó en 1939, para evitar que México continuara por el rumbo progresista que había emprendido con el cardenismo. (70 años del PRI. Origen y destino, por Pablo Moctezuma Barragán (http://www.unidad.org.mx/index.php?option=com_content&view=article&id=2515:70-anos-del-pan-origen-y-destino-i&catid=28:nacionales&Itemid=52)
No es pues de extrañar la vocación pro empresarial del mandatario panista, para quien es más sagrada la causa de las inversiones privadas que las causas de interés nacional de los países soberanos. De ahí su reiterada intención de abrir Pemex a la iniciativa privada, nacional y extranjera, sea como sea, hasta burlando nuestras leyes, incluso la Constitución.
Como puede deducirse, Felipe Calderón a la distancia histórica (74 años) intenta decirle al general Lázaro Cárdenas del Río que su Expropiación Petrolera del 18 de marzo de 1938 fue una decisión irresponsable y poco racional, nada respetuosa de los sagrados derechos de los inversionistas del Reino Unido, de los Países Bajos y de Estados Unidos, cuyas 17 empresas petroleras pasaron a manos mexicanas, no sin desmesuradas reacciones de los gobiernos de esos países, como embargos comerciales, rompimiento de relaciones diplomáticas, retiro de personal técnico, etcétera.
Si los mexicanos de derecha que vivieron la nacionalización del petróleo en 1938 no se solidarizaron con Lázaro Cárdenas y su gobierno revolucionario, al grado de que, por el contrario, crearon un partido para combatir su política nacionalista, qué se podía esperar de un militante del panismo histórico como lo es el presidente Felipe Calderón. Su reacción nada solidaria con el país que ve por el patrimonio natural de sus habitantes, Argentina, es entendible como militante de un partido de derecha, no así como Presidente de todos los mexicanos, para quienes la Expropiación Petrolera es una de las gestas históricas más significativas del México moderno.
En relación con España, mirando al pasado, podemos reconocernos en la frase “ya nos saquearon”, pero no podemos proferir un grito unánime que diga para el presente y futuro: “¡no nos volverán a saquear!”, porque la derecha tanto del PRI como del PAN comulgan con la misma idea de seguir entregando nuestra soberanía y recursos naturales a los españoles de hoy.
Josefina Vázquez Mota, candidata panista a la Presidencia de la República, en relación con el acto de soberanía argentina, comentó que ella no se ve cometiendo actos de expropiación; Enrique Peña Nieto dijo otro tanto, si bien él sí reconoce el derecho de los países a tomar decisiones soberanas. Coinciden eso sí en la idea de abrir Pemex a la inversión privada extranjera.
Como país que sufrió una prolongada colonización, hay una porción de nuestra clase política que no ha acabado de liberar su mente de ese coloniaje, aunque hay que reconocer que es ahora un coloniaje neoliberal; sobre todo la clase política de derecha es la que sufre en mayor medida la propensión a dejarse avasallar sin escrúpulos. Quizás a eso se deba que a veces prefiramos quedar bien con los de afuera que con los de adentro. Por ejemplo, nuestra clase gobernante prefiere que le echen porras desde el Banco Mundial y/o del Fondo Monetario Internacional, entregándoles buenas cuentas de sus políticas macroeconómicas y financieras, sin importarles los millones de pobres que esas políticas contribuyen a incrementar cada año, sin que parezca importarles demasiado. Aunque en el fondo se lo agradezcan, esos organismos financieros internacionales no dejan de reconocer que nuestros gobernantes se pasan de insensibles, porque terminan diciendo: “…sin embargo, la economía arrastra uno de los más bajos crecimientos de Latinoamérica en las pasadas tres décadas, consideró el Banco Mundial. Tiene una parte bien construida y en la otra un desafío más grande, apuntó…” (La Jornada, 19/04/2012)
Hay una solución para que los colonizadores de dentro y fuera del país no nos vuelvan a saquear: decir no a los candidatos y partidos de la derecha.