Las historias contadas Es la historia de un hombre que decidió luchar por las causas más justas que puede haber en este mundo: la
Las historias contadas
Es la historia de un hombre que decidió luchar por las causas más justas que puede haber en este mundo: la erradicación de la pobreza y la justicia; sí, un hombre que pensó que un futuro mejor para todos era posible. Es la historia también de los últimos años de este país: de las mafias rapaces que lo quieren todo y nunca se cansan de querer todo, de los arreglos “políticos” entre unos pocos para beneficiar desmesuradamente a otros pocos, de la corrupción y la impunidad que se han establecido como normas de gobierno, y que se imponen con el “estado de derecho” y con macanazos y balazos y anuncios de televisión. Es la historia, asimismo, de los fraudes electorales que se sucedieron y se siguen sucediendo en la nación, del cinismo, la hipocresía y las palabras huecas, de los dueños de las televisoras que un día decidieron dejar de ser soldados para convertirse en mandamases, casi en dictadores. Y es la historia, también, de millones de personas que se han organizado y se han puesto rebeldes ante el poder de unos cuantos, que han resistido y han dejado de agachar la cabeza y obedecer lo moralmente no obedecible. Sí, éstas son las historias que se narran en el libro AMLO: vida privada de un hombre público. Su autor: Jaime Avilés.
El personaje
Ha recorrido todo el país: pueblo por pueblo. Ha organizado mítines en miles de plazas públicas. Ha mencionado cientos de millones de palabras tratando de hacer del pueblo mexicano un pueblo menos dejado, menos acostumbrado a la humillación y a los sinsabores. Ha ido de aquí para allá, ha señalado a quienes dejaron y siguen dejando a México en la miseria. Nadie hoy conoce como él México. Nadie. Desde Tijuana hasta la frontera con Belice: todo lo ha recorrido. Ha olido a lo que huelen las sierras y los bosques y los desiertos y las ciudades contaminadas. Ha estrechado miles de manos de diversos colores. Ha platicado con millones de personas que le han confiado sus desdichas, sus cuitas y sus felicidades. Ha mirado el México profundo, al México oculto, al México que muchos quieren poner invisible: sin vida. Ha observado nítidamente las injusticias que se viven en este país, en estas tierras: en esta nuestra patria.
Andrés Manuel López Obrador es un dirigente inusual, en el sentido más estricto de la palabra: infrecuente. Y es que no todos los días nacen en este país personajes como el tabasqueño, que siempre están pensando en hacer de este país algo más justo: menos jodido. En el libro AMLO: vida privada de un hombre público, Jaime Avilés no hace una biografía adulatoria del personaje. No. Es, más que nada, una forma de mirar a un hombre que se forjó en Tabasco ayudando a los indios chontales y que, a través de la enjundia, las esperanzas, los desvelos y la acción, ha cambiado, se quiera admitir o no, las formas de hacer política en México, y de paso ha marcado la historia reciente del país.
Pero también, y más que nada, AMLO: vida privada de un hombre público es una mirada a un pedazo de intimidad del ex jefe de Gobierno del Distrito Federal. A anécdotas que pocos conocían, a hechos que casi nadie recordaba y a palabras que muchos olvidaron. Gracias a un conocimiento amplio de la trayectoria política y social de López Obrador, y también a una descripción clara de los últimos años de este país (bajo los gobierno del PRI y del PAN), Jaime Avilés logra mostrar eso que muchos no entendían: ¿por qué lucha AMLO y cómo le ha hecho para no desfallecer ante enemigos inclementes y sin escrúpulos?
El país que se cae en pedacitos
Quienes han gobernado al país en los últimos años han dejado una herencia de dolor, sangre e injusticias. Se han valido de lo legal y lo ilegal para mantenerse-perpetuarse en el poder. Han implantado una política económica que, a pesar de haber dado muestras de ineficacia desde hace muchos años, se mantiene inamovible. El país hoy se nos cae en pedacitos: por todos lados hambre, por todos lados sangre, por todos lados pobreza e injusticias. Desde Miguel de la Madrid Hurtado hasta Felipe Calderón, los resultados del neoliberalismo se han evidenciado descaradamente: beneficiar a unos cuantos en detrimento de las mayorías.
Andrés Manuel López Obrador ha ido a contracorriente. Ha buscado que el país que se nos cae en pedacitos no se desmorone. No ha sido fácil. Más bien ha significado una tarea titánica. Los medios de comunicación que en este país están repartidos en poquísimas manos lo han intentado desprestigiar e invisibilizar. Los presentadores de noticias, que Avilés acertadamente llama “levantacejas”, se han dado a la tarea de disminuir-erradicar las simpatías que millones de mexicanos le ofrecen al tabasqueño. Pero no han tenido el éxito esperado. A pesar de los ataques y de sembrar el odio y de meter mentiras e infundios y falsedades, no han podido destruir al opositor.
¿Es posible vivir en un país donde una guardería concesionada se incendia, no hay salidas de emergencia, los niños mueren por las llamas y no hay castigo? ¿Es posible un país donde mineros se meten debajo de la tierra, explotan ahí dentro, y no hay culpables? ¿Es viable éticamente un país donde las instituciones constitucionalmente establecidas, en lugar de abogar por el cumplimento de las leyes, apuestan por la impunidad y la violación sistemática de las normas que supuestamente nos deben regir? López Obrador ha apostado por darle viabilidad a un país que se cae en pedacitos, que parece que quiere morir.
Nada del “menos peor”
Entre muchos mexicanos se ha establecido la idea de votar por el “menos peor”. Jaime Avilés, en AMLO: vida privada de un hombre público deja bien claro que el tabasqueño no es el “menos peor”, sino que, al contrario, es la mejor opción para gobernar. Y es que, ¿cómo puede ser el “menos peor” quien durante su gestión como jefe de Gobierno del Distrito Federal le otorgó a la ciudad de México y a los habitantes de ésa tantos beneficios que cambiaron las prácticas de la administración pública? ¿Cómo puede ser considerado el “menor peor” quien ha recorrido todos los municipios del país, y en las plazas principales de éstos ha dado mensajes para que el pueblo de México se organice y participe en la vida pública? ¿Cómo puede ser el “menos peor” quien durante su trayectoria social y política, sin el apoyo de las televisoras, ha logrado colocarse como un hombre de convicciones, incorruptible? No, Andrés Manuel López Obrador no es el candidato “menos peor” en esta contienda electoral de 2012. El libro de Jaime Avilés lo demuestra claramente.
El no lector versus el escritor
Estaba en la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara. Llegué temprano: el casi candidato del PRI a la Presidencia de la República daría un discurso. Nada más acercarme a las instalaciones de la Expo Guadalajara, sede de la FIL, se veían los acarreados: los que iban por unos centavos o unos bocados de comida, los que eran obligados a asistir y los líderes sindicales nombrando lista. Todos iban vestidos de rojo.
En el salón donde Enrique Peña Nieto daba su discurso, los del PRI aplaudían desmesuradamente. Estaba la plana mayor del tricolor jalisciense. Los que aspiraban a un puesto, los que ya tenían un puesto seguro y los que apoyaban al que iba a un puesto. Todo el PRI: con todas sus fuerzas y sus estructuras.
Después de su disertación, Peña Nieto se trasladó a un salón adjunto para dar una conferencia de prensa. Un periodista español le pidió que mencionara tres títulos de libros (con sus respectivos autores) que hubieran marcado su vida. No pudo responder. Rápidamente la ignorancia mostrada por Peña Nieto le dio la vuelta al mundo: un candidato a la Presidencia de la República Mexicana, que tiene posibilidades de ganar, no podía mencionar tres libros.
Cuando se lee AMLO: vida privada de un hombre público, rápidamente uno se da cuenta de las grandes diferencias entre los que hoy buscan la Presidencia de la República. López Obrador se ha hecho, como político y como luchador social, en la calle, desde las bases, vía el conocimiento de los problemas de la gente. Los demás candidatos solamente de oídas (si acaso) conocen qué piensan los ciudadanos. López Obrador ha escrito 11 libros (y los ha escrito él, es decir, no los mandó hacer, como su contrincante priísta) que abordan problemáticas sociales y que muestran propuestas, plataformas políticas, ideologías y análisis de los problemas que aquejan al país. La candidata del PAN a la Presidencia, Josefina Vázquez Mota, publicó un bestseller de superación personal, y después un libro con entrevistas que ¿ella hizo? a líderes “internacionales”, entre los que se cuentan Emilio Butragueño (ex jugador de futbol).
Sin duda, por capacidades, por experiencia, por diferencias, por trayectorias y por conocimiento y sagacidad política y social, hoy, en México, no hay un mejor candidato que López Obrador. No cabe duda de eso.
El manejo
Jaime Avilés es, sin duda, uno de los mejores periodistas del país. Y es también uno de los más sagaces cronistas que hayan dado estas tierras. En AMLO: vida privada de un hombre público logra mezclar varios géneros periodísticos: no es en sentido estricto una biografía, ni un reportaje ni una crónica o una entrevista. Es una mezcla de todo. Con un lenguaje que llega hondo, Avilés nos regala un pedazo de historia y también un pedazo de rebeldía y de inteligencia. Quien se acerque al libro de Avilés, como bien se dice en la advertencia, “podría cambiar la intención del voto”. La apuesta es ésa, y no porque sea un documento adulatorio de López Obrador, sino porque refleja una realidad que ha sido omitida desvergonzadamente por las televisoras y buena parte de los medios de comunicación: que el hombre más capacitado para gobernar al país se llama Andrés Manuel López Obrador.