Sobre liderazgos y el despunte de AMLO

Daniel Márquez Melgoza o le va bien a Andrés Manuel López Obrador (AMLO) con los liderazgos político-sociales con los que le ha tocado convivir

Daniel Márquez Melgoza

o le va bien a Andrés Manuel López Obrador (AMLO) con los liderazgos político-sociales con los que le ha tocado convivir en el escenario político nacional: de un lado el subcomandante Marcos, líder político-militar del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), que hizo su aparición pública el primero de enero de 1994 al final del gobierno de Carlos Salinas de Gortari, y del otro, Javier Sicilia, cabeza del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, creado en 2011 como reacción al asesinato de su hijo Juan Francisco en Cuernavaca, Morelos, que lo empujó a exigir justicia al lado de cientos de más víctimas colaterales de la guerra contra la delincuencia organizada y el narcotráfico, que emprendió en 2006 el presidente Felipe Calderón.

López Obrador, líder a su vez del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), ha visto con simpatía a ambos movimientos y a sus líderes, al grado de que en distintos momentos ha llegado a buscar su cercanía, pero éstos no lo han creído así, por cuanto que él y su partido, el de la Revolución Democrática (PRD), representa a un sector de la clase política, contra la cual ellos han enfocado su lucha sin cuartel; ellos –el subcomandante Marcos y Sicilia– están por sistema contra la clase política en general y no admiten diferencias ni matices, sencillamente son parte de la detestable clase política, sea de derecha, de centro o de izquierda, para ellos en la práctica vienen a ser lo mismo.

Los seguidores de ambos liderazgos sociales no pocas veces se han visto obligados a entrar en conflicto consigo mismos, pues en su mayoría también siguen a Andrés Manuel López Obrador, ya sea a través del PRD u otro partido de la izquierda o en las filas de Morena, porque la lucha social y política en que creen atraviesa por los caminos de la democracia electoral.

El último desencuentro entre Javier Sicilia y AMLO tuvo lugar en el Castillo de Chapultepec, el lunes 28 de mayo, a donde acudieron, convocados por el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, los cuatro candidatos presidenciales. Uno a uno, en su momento recibió de parte de Javier Sicilia la respectiva andanada de recriminaciones por lo que representan por sí mismos o por sus patrocinadores; es decir, sus partidos, la clase política a que pertenecen; contra todos fue duro, sin contemplaciones, el poeta Sicilia.

Por lo que respecta a AMLO, le dijo en su cara: “para muchos, usted, señor López Obrador, significa la intolerancia, la sordera, la confrontación en contra de lo que pregona su ‘república amorosa’ con aquellos que no se le parecen o no comparten sus opiniones. Significa el resentimiento político, la revancha sin matices contra lo que fueron las desaseadas elecciones de 2006, el mesianismo y la incapacidad autocrítica para señalar y castigar las corrupciones de muchos integrantes de su partido. Contra la tradición de la izquierda mexicana, no han dejado de golpear a comunidades indígenas de Chiapas y Michoacán, o a estudiantes de Guerrero” (La Jornada, 29/05/2012).

En su turno, AMLO se dirigió al poeta Sicilia: “Javier, a mí no me pueden meter en el mismo costal. No es soberbia, es que yo me formé de otra manera, no soy político mentiroso, corrupto… No soy autoritario, no soy mesiánico, no soy nada de eso que tú mencionas y que han utilizado en mi contra quienes dominan en este país y no quieren ningún cambio…”. En otras palabras, estaba poniendo en evidencia que él, el líder del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, con toda su autoridad intelectual estaba repitiendo los lugares comunes más sobados de sus adversarios políticos, en particular los enquistados en los medios de comunicación electrónica, tanto abierta como restringida. Con dedicatoria tal vez al propio líder Sicilia, expresó: “es inaceptable que ya no se hable de transformar y que descalifiquemos todo y que digamos ‘no hay opciones, todos son iguales’. Entonces, ¿qué vamos a hacer? ¿Vamos a seguir administrando la injusticia, el dolor? ¿Vamos a seguir haciendo análisis de la realidad sin transformarla?”.

¿De quién se quería deslindar López Obrador y no compartir el mismo costal en que pretendían meterlo? Es de suponer que de todos sus contrincantes de la candidatura a la Presidencia de la República, pero en particular de Enrique Peña Nieto, porque seguramente tenía en el pensamiento la información reciente dada a conocer en el periódico Reforma (17/04/2012), sobre los constantes viajes del político mexiquense en el interior del país y al extranjero. Estaría recordando que mientras él andaba a ras del suelo construyendo Morena por todos los municipios de México, Enrique Peña Nieto, futuro candidato tricolor, volaba por los cielos en aviones privados en viajes de placer o de trabajo. Según dicha nota periodística, “tan sólo entre enero de 2010 y febrero de 2012 el candidato por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) a la Presidencia de la República, Enrique Peña Nieto, realizó más de 150 vuelos en los aviones privados Challenger XAOHS, Falcon 50 XAPRR y Grumman V XAOEM…”, propiedad de la empresa Eolo, del empresario Juan Armando Hinojosa Cantú, quien se vio favorecido con generosidad con grandes obras públicas durante la gestión de Peña Nieto al frente del gobierno del estado de México.

De esos 150 vuelos, 68 fueron vuelos personales; de éstos, 31 pertenecen a viajes México-Miami/Miami-México. En la página www.peñavuela.com se describe el departamento que el candidato mexiquense ocupa en sus visitas a esa ciudad costera de Estados Unidos. Bajo el título Galería del despilfarro se muestran 16 fotografías de un gran y lujoso departamento cuya renta se calcula en 8 mil dólares. “Si este departamento es propiedad del candidato, no se encuentra en su declaración patrimonial…”.

Es evidente, pues, que con Enrique Peña Nieto estamos frente a un político de una gran frivolidad, sin compromiso social y político con los mexicanos, de esos políticos que ven la política como una oportunidad para hacer negocios y fortunas, para él y para quienes lo acompañan en la “aventura” de parecer que gobiernan para todos, siguiendo el molesto e incómodo protocolo pleno de leyes y normas, que a regañadientes deben seguir como parte del “sacrificio” que hay que hacer por la patria.

Tal vez el electorado ya se esté dando cuenta del verdadero perfil del candidato priísta al gobierno de la República. Quizás a eso responda el viraje que está teniendo lugar en la encuesta de Reforma publicada el día de ayer, en la que de abril a mayo, Peña Nieto pierde cuatro puntos: de 42 baja a 38; AMLO gana siete puntos: de 27 sube a 34; Josefina Vázquez Mota pierde seis puntos: de 29 baja a 23, y Quadri gana tres puntos: de dos sube a cinco.

Por lo pronto, los comunicadores acostumbrados a dar cifras de “sus” encuestas con alegría, hoy se les ha visto y escuchado confundidos y descreídos de la confiabilidad de dicha sondeo. De manera coincidente su aparición está marcando el inicio de una nueva embestida contra AMLO, que se verá recrudecer en los próximos días. Por algo será.

Responder a Sobre liderazgos y el despunte de AMLO

  1. Alejandro Delgado

    Los que hemos estado cerca de esos líderes que merecen el apelativo de “izquierdosos”, que hemos conocido sus corruptelas y sus cantos de sirenas redentoras, no podemos sino inclinar la cabeza en negativa y recordar que “lo mismo que puede hacer llorar puede hacer reir”. Muchos, tal vez no los necesarios, pudimos aclarar nuestros caminos y salir del carril Estatista, dejar atrás las mentiras que ni a utopías llegaron y continuar advertidos del sistema vigente. Los tres candidatos son probadamente ambiciosos de poder y dentro de la verdadera naturaleza de la lucha por el poder en la nación, están ahí porque han ejercido la perversión necesaria para continuar en ese juego. No es posible aceptar los baños de pureza que presumen esos engañifas, una pureza que nadie puede comprobar. La cultura de la corrupción la practican todos ellos, y como cultura, como hábito, uso y costumbre la revisten de mesianismo, real en los cuatro candidatos rodeados de sus cortes filibusteras arribistas. Ahora AMLO pretende se le crea su roll emulador de Abbie Hoffman.

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