Alejandro Almazán* Uno La persona que asesora a Josefina Vázquez Mota en el tema de seguridad es el ex presidente colombiano César Gaviria,
Alejandro Almazán*
Uno
La persona que asesora a Josefina Vázquez Mota en el tema de seguridad es el ex presidente colombiano César Gaviria, y se dice que él es quien ha tratado inútilmente de convencerla para que se sacuda ciertos fantasmas.
—Debes dar el mensaje de que tú quieres la paz, de otra forma no crecerás en las encuestas —le dijo Gaviria el pasado 3 de marzo, cuando se vieron por la mañana en una casa de Polanco.
—Lo sé —respondió Josefina y soltó una mirada de desánimo y rabia, de esas que rara vez se le escapan en público.
Pero Josefina todavía no está preparada para marcar distancias, a pesar de que le han dado la espalda desde que inició la campaña. Al menos eso me contó un senador panista hace días, cuando le pregunté por qué Josefina había sido incapaz de convertir su victoria interna en una candidatura de embrujo. “Porque la han abandonado”, me contestó y puso cara de jugador de cartas que está pasando por una mala racha. “Todavía hay mucho resentimiento por la derrota de (Ernesto) Cordero”.
Dos
En sus habituales encuentros ciudadanos —a los que en realidad asisten puros panistas de sangre—, Josefina replica a sus críticos, platica las mismas anécdotas y por lo general llega a caer en la exageración. Como si fuese un disco rayado, suele contar con ciertos detallismos irritantes lo que ha hecho o lo que hará si gana la presidencia. Suelta recuerdos de la infancia, evoca sus orígenes poblanos y habla de los políticos que ha conocido desde hace once años cuando entró a ese mundo. Cita a Vargas Llosa y a Laura Chinchilla, la presidenta de Costa Rica. Y cuenta uno que otro chiste que, a veces, sólo a ella hacen reír. Los reporteros que cubren su campaña han escuchado tantas veces el mismo discurso que varios han entendido que es más fácil atrapar algún virus por culpa del aire acondicionado que una declaración noticiosa.
Josefina, sin embargo, sortea estos encuentros acartonados no gracias a su voz —que es ronca como la de una bocina Ratson— ni mucho menos por esa sonrisa contenida, en ocasiones fingida, que tienen las personas que rara vez hablan de sus penas. Lo que ayuda a Josefina son sus manos. No en balde recorrió medio mundo dando conferencias sobre economía, licenciatura que estudió en la Ibero. Josefina, como la llaman amigablemente sus simpatizantes, es una experta en Programación Neurolingüística, uno de esos modelos de comunicación que utiliza cierta gente para mostrar que está acostumbrada al triunfo. Ora sus manos tienen movimientos suaves, simétricos, como los de un baile sincronizado. Ora los dedos, agresivos, ofrecen mensajes específicos —“yo sí sacaré adelante las reformas laboral, energética y hacendaria”, “les quitaré el fuero a los políticos”—. Ora enfatizan lo que nadie parece creer —“en nuestras encuestas estamos a cinco puntos de Peña Nieto”—. Ora lleva su mano derecha a la barbilla para mostrar a una mujer que está pensando, racionalizando.
Los panistas que hoy han asistido al Club de Industriales de Querétaro dirán que Josefina sí sabe hablar frente a la gente, que no tiene el desparpajo de Peña Nieto ni los lugares comunes de López Obrador. No faltará quien piense que Josefina debería hacerle la competencia a la tal Gaby Vargas.
Tres
Josefina, quien cumplió 51 años en enero, padece hipotensión desde hace algún tiempo, cosa que, para ser honestos, no le impide en nada para trabajar. Sin embargo, cuando su presión arterial se le bajó el pasado 2 de abril, durante un encuentro con organizaciones civiles, no faltó que sus críticos la desahuciaran. Una mala estrategia de prensa —grabarla mientras hacía ejercicio en una caminadora—, acrecentaron los rumores sobre su salud en las redes sociales.
Ahí, en Twitter o en Facebook, Josefina ha recibido las mayores críticas y burlas. Algunos se han mofado de aquella vez cuando la corrieron de Tres Marías o de ese día, durante su toma de protesta, cuando se le fue la gente a medio mitin. Otros la han tachado de haberse plagiado párrafos completos de la nunca confiable Wikipedia para escribir su libro Nuestra oportunidad. Otro tanto la ha ridiculizado porque Josefina confundió a Héctor Aguilar Camín como el autor de un libro, a cuya presentación fue invitada, y otra buena parte le ha zarandeado el orgullo cuando una de sus colaboradoras escribió “Tlazcala” en un boletín de prensa. Últimamente, algunos reporteros han escrito sobre el caos que es la agenda: hasta una noche antes se sabe lo que hará Josefina las próximas 24 horas, aunque siempre existe la probabilidad de cambios.
El problema de la agenda sería una anécdota más de esta desdibujada campaña si no fuera porque tampoco le llega a tiempo a la gente del Estado Mayor Presidencial. En los actos que Josefina tuvo hace días en Guadalajara, por ejemplo, el encargado de su seguridad se enteró de los lugares media hora antes. La logística la tienen que improvisar. “Si le pasa algo a la señora no será nuestra culpa”, me dijo uno de los guardias que, por cierto, no se comparan con el desmesurado número que trae Peña Nieto. Aquí son como unos veinte.
—El otro día leí que a Josefina la embrujaron —le suelto medio en broma a un amigo panista que apoyó a Cordero en la contienda interna.
—Yo no creo en esas payasadas, pero sí en los karmas. Acuérdate que Josefina validó la guerra sucia en 2006 y es hora de que pague.
Cuatro
Quienes conocen al publicista Antonio Solá dicen que es un tipo barbado con la capacidad de perpetrar campañas de una despiadada crueldad. Él fue el cerebro de la guerra sucia contra López Obrador en 2006. Y hoy es el que trata de que Peña Nieto huela a azufre y se le mire como un mentiroso. Un colaborador de la campaña de Josefina me dijo que a Solá se le pidió no acercarse a la candidata. “Pero de que trabaja para la jefa, de eso no hay duda”. Este josefinista asegura que fue Solá quien convenció, dinero de por medio, al profesor Agustín Estrada para que éste confesara que fue amante de Peña Nieto. “Esa fue una bajeza”, me dice el josefinista, “La jefa también se enojó”.
Le pregunté por mail a Agustín si Solá estaba detrás de él. Lo negó sin despilfarrar palabras. “Ni sé quiénes sean los candidatos”, me escribió el profesor que conocí hace tres años, cuando recibió nuevas amenazas de muerte. Agustín perdió su trabajo por ser homosexual. Después lo encarcelaron y fue violado por catorce reos. En ese entonces platicamos muchas horas acerca de su terrible situación, pero jamás habló de Peña Nieto.
El último trabajo de Solá fue un spot donde se acusaba a Humberto Moreira, el ex gobernador de Coahuila y ex dirigente nacional del PRI, de falsificación de documentos.
Cinco
El mitin debe comenzar en unos quince minutos, a las seis de la tarde, en la esquina donde está el monumento a Josefa Ortiz Domínguez. Habrá unas tres mil personas que, en su mayoría, vienen de Cadereyta, San Juan del Río, Pinal de los Amoles y El Marqués. Hay de todo: los que trajeron a la fuerza, los que están convencidos de que Josefina puede ponerlos cara a cara con Dios, y los que no son ni lo uno ni lo otro, simplemente no tenían nada qué hacer.
—Muy poca gente, ¿no? —le digo a una reportera que ha seguido a Josefina desde la precampaña.
—¿Cómo crees?, éste pinta para ser unos de los mejores.
El peor mitin, hasta ahora, fue el del 21 de abril en: Tamazunchale, San Luis Potosí, ahí donde la miseria le ganó a la pobreza. Apenas habrán llegado 150 personas. Dicen que Josefina regañó a su staff con una calma amenazadora.
Pero eso fue el pasado. Hoy, primero de mayo en Querétaro, Josefina no piensa en descalabros. No importa que Peña Nieto haya atiborrado esta misma plaza hace quince días. Y ni siquiera es momento para preguntarse por qué, otra vez, los del Estado Mayor Presidencial no han sabido la ruta por donde debían entrar. La gente está aquí, bajo un sol que no tiene madre, y no se irá hasta que termine el mitin. La verán con su pelo teñido y esas zapatillas que probablemente le hinchan los pies. La oirán decir que tiene una propuesta para que los niños vayan de 8 de la mañana a las 5 de la tarde. La escucharán jurándoles que ella no ha robado un solo peso. La oirán hablar de una manera tan controlada que de pronto da la impresión de que no hay otra forma de hacerlo. Por un momento, la campaña ha dejado de ser aburrida.
Seis
A estas alturas, Josefina ya debe haber entendido que hay veces en que, sin saberlo, uno va en curso de colisión y no puede hacer nada por cambiarlo. Lo digo por el ex presidente Vicente Fox.
El pasado 12 de marzo, a Fox se le ocurrió desenrollar su lengua de vaquero frustrado. Dijo que Peña Nieto ganaría y que Josefina sólo debía esperar un milagro. No faltó el panista que lo llamara traidor y pidiera su expulsión del PAN. Semanas después, el 25 de abril, Josefina y Fox se reunieron en Monterrey.
“Mi presidente Josefina, mi presidente Vázquez Mota, ya sabes que soy panista, ya sabes que tengo convicciones, ya sabes que tengo y hago compromisos, y el mío es estar a tu lado en todo lo que pueda yo colaborar, participar, entendiendo que a veces los tiempos no dan para más”, dijo Fox con una sonrisa ambigua como si le reprochara apoyarla.
Ayer, 2 de mayo, Fox volvió a sacarle canas a Josefina. Ha dicho que no la apoyará en los mítines porque no tiene caso.
Un josefinista que había escuchado esas declaraciones y traía cara de esos “emotions” que representan la confusión, me dijo que Fox está vendiendo caro su amor: quiere que la PGR deje de catear su rancho y busca una ayuda económica para el Centro Fox, un espacio supuestamente para la cultura que hoy, por falta de plata, se han convertido en un salón de fiestas.
Siete
Mira: —me dice un colaborador de Josefina— la campaña ha tenido sus problemas porque, primero, porque Roberto Gil (coordinador de campaña de Josefina) no tuvo el tacto para curar las heridas de la campaña interna; y, segundo, porque el CEN estaba en la grilla de las candidaturas en Chihuahua, Veracruz y DF, y eso quitó mucho tiempo. Tres semanas, mínimo. Pero orita ya todos se pusieron las pilas. En estos días habrá reuniones con diputados, senadores y gobernadores. Todos van a ponerse a trabajar. Verás que vamos a remontar.
* Alejandro Almazán ha ganado tres veces el Premio Nacional de Periodismo en la categoría de crónica. Es autor de La victoria que no fue; Gumaro de Dios, El Caníbal; Placa 36; Palestina, Historias que Dios no hubiera escrito y Entre perros. Próximamente publicará una novela basada en la vida del Chapo Guzmán.
era de suponerse es mas desde cuando deberia ya de declinar esta mujer no a entendido que no sera presidenta y menos con esa guerra sucia como dicen la zorra no ve su cola pero que tal la ajena, esta ya da penita por mas que abre la boca solo enfada a la gente diciendo que por que es mujer que no ve que nos deja en mmal a nuestro genero por que no todoas somos tan estupidas como ella por eso ni ss compañeros de partido la apoyan por ejemplo fox pidiendo mejor votos para peña muy en el fondo sabe que no gana ni x milagro no mas ACCION NACIONAL EN LOS PINOS.
Esta visto que JVM por más que trate de ocultar sus lasos con mafiosos y cínicos no lo va a lograr ya que pertenece al nido de faunas, como lo dijo la “tepocata” mayor, ahora a se juntaron todos ahí están Rene Arce, Rosario Robles y Espino que no saben de principios ideológicos juntándose al PRI para entre todos ellos y los poderes fáticos revivir la guerra sucia como e4n 2006, todo esto es la miseria humana que se encuentra y ha estado en poder, pero la sociedad ya no les cree ¡¡¡Sigamos adelante con el cambio !!! sin miedo que lo bueno esta por venir y voten por ellos porque ya sabemos lo0 que representan todos: pri, pan y nueva alianza y Partido Verde expulsado de la Internacional de Partidos verdes del Mundo porque este Partido es todo menos ecologista.