Michael Meissner luce madurez técnica al frente de la Osidem

Reactivó a la orquesta y allanó el camino a los directores que aspiran llevar la batuta Érick Alba El concierto de exhibición ofrecido por

Reactivó a la orquesta y allanó el camino a los directores que aspiran llevar la batuta

Érick Alba

El concierto de exhibición ofrecido por el director germano-mexicano Michael Meissner al frente de la Orquesta Sinfónica de Michoacán (Osidem), como parte de los siete que se realizarán bajo el mismo número de batutas para elegir al nuevo director titular del ensamble, contuvo distintas variables que deben tomarse en cuenta al calificar su comparecencia ante el público michoacano, como el hecho de que la Osidem regresó al escenario después de un largo periodo de inactividad, y que la aparición de un solista modificó radicalmente los niveles de desarrollo de la misma orquesta, debiendo Meissner hacer el papel de mediador.

El concierto desarrollado el pasado viernes en el Teatro Ocampo, en Morelia, abrió con la Obertura a Las Bodas de Fígaro, del genio austriaco Wolfgang Amadeus Mozart, obra con la que Meissner encontró un vínculo rápido con el público por lo popular que es la partitura, pero también un juicio colectivo que puede ser más tajante sobre su trabajo precisamente porque la obra es muy conocida.

La fórmula del director invitado para interpretar a Mozart se basó en dos métodos: mantener la limpieza y homogeneidad de los atrilistas, sobre todo en las corcheas de los primeros compases que al ser al unísono exigen cumplir con esa condición, y explotar los contrastes dinámicos (volumen del sonido) para convocar a estados de ánimo distintos en intérvalos de tiempo cortos, además de recursos adicionales que el director utilizó con soltura, como algunos stacattos que en la partitura aparecen como notas acompañadas de silencios, pero que al ejecutarlas como stacattos dan la ilusión de acentuación de acordes en momentos en que la orquesta está en el tutti; es decir, con todos los instrumentos trabajando al mismo tiempo, lo que el director intercaló después con frases en legato para mantener el sistema de contrastes ya mencionado arriba.

Sin embargo, la verdadera prueba tanto para el director como para el ensamble sinfónico llegaría con el Concierto para Violín opus 35 en Re Mayor, de Piotr Ilich Tchaikovsky, obra que en su inicio hace alusiones al clasicismo vienés que caracterizó al autor desfasado de su tiempo, aunque en su desarrollo le es imposible alejarse de recursos implantados en el romanticismo europeo anterior a él, como las orquestaciones ascendentes y el papel de acompañamiento armónico al que es relegado la orquesta durante las largas intervenciones del solista, por ejemplo.

El trabajo del joven violinista oaxaqueño Osvaldo Urbieta, como solista, impactó en el trabajo de Meissner al tomar en cuenta que Urbieta desarrolló un trabajo limpio en lo que se refiere a la digitación, lo que ya habla bien de él al considerar la rápida escritura que hizo el autor; sin embargo, su misma juventud le coloca por el momento en el punto de encontrar una personalidad que se manifieste a través del sonido de su instrumento, algo que el violinista todavía no alcanza y que quedó de manifiesto en la reiteración de las cuerdas dobles pensadas por Tchaikovsky, las que tienen como fin producir una aspereza sonora que se traduzca en frases categóricas, aunque en el caso del oaxaqueño eso derivó en que se sumergiera en un sonido opaco y de intensidad menor, lo que entonces obligó al director a rebajar la sonoridad de la orquesta para mantener un equilibrio estético.

Otro punto que se debe hacer notar en la propuesta de Meissner es la rapidez con que toma el tiempo de cada obra. En el caso del Concierto para Violín de Tchaikovsky, la partitura señala un Allegro Moderato para el primer movimiento, pero que el director prefirió tomar como Allegro, aunque eso no debe observarse como un error, sino como el resultado de las indagaciones que ya hizo el propio Meissner y en las que encontró anotaciones hechas por Beethoven sobre el tiempo que debía aplicarse a sus propias obras, tomando como base el recién inventado metrónomo.

A pesar de que en la época de Tchaikovsky ya existía un mayor consenso sobre la forma de aplicar las indicaciones agógicas (de velocidad) en una partitura, y por eso mismo ahora se ejecuta ese concierto como Allegro Moderato y no como Allegro, la propuesta que hizo Meissner en Morelia trata de establecer un lazo de unión sobre el clasicismo vienés del cual abrevan los tres autores interpretados en el concierto, Mozart, Tchaikovsky y Beethoven, por lo que la Sinfonía número 3 (Heróica) del tercero, y que cerró la presentación, también se mantuvo con una velocidad un poco más alta de lo acostumbrado, y la explicación a eso es la misma.

En suma, Michael Meissner entregó tres interpretaciones que se rigen en conceptos estéticos sustentados por la musicología actual; su papel como mediador entre el solista y el ensamble le llevó a exhibir una madurez técnica que también se debe subrayar, a lo que se une el hecho de que montó el concierto en cinco días y después de un prolongado periodo de inactividad por parte de la Osidem, algo que el resto de los contendientes al puesto de director ya no tendrán que padecer.

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