Enrique Bautista Villegas En tan solo unos días habrá de celebrarse la esperada jornada electoral en la que los mexicanos elegiremos a quien, a
Enrique Bautista Villegas
En tan solo unos días habrá de celebrarse la esperada jornada electoral en la que los mexicanos elegiremos a quien, a partir del próximo primero de diciembre, regirá los destinos del país durante los siguientes seis años. Se votará también por los integrantes al Congreso de la Unión, seis gobernadores, congresos locales y ayuntamientos. Sin embargo, la atención de los ciudadanos del país y de otras naciones está centrada en la elección presidencial por obvias razones.
México es, por su sistema político, un país presidencialista, en el que la orientación de la política económica y social se determina desde arriba, desde la Presidencia de la República. Ciertamente con algunos contrapesos dada la pluralidad de fuerzas representadas en el Congreso que priva en la actualidad.
Pareciera también, a los ojos de observadores y analistas locales y extranjeros, que después de cinco sexenios de haber mantenido un modelo económico de privilegios para unos pocos y empobrecimiento para el conjunto de la población del país, la mayoría de los ciudadanos debería optar por un cambio profundo, que permitiera revertir la concentración de la riqueza que se ha generado durante ese periodo. Sin embargo, contrario a lo que la lógica impone, un escenario como el que imaginamos no acaba de definirse, como lo señalará el jefe de la corresponsalía para México, Centro América y el Caribe del New York Times, Randal C. Archibold, al comentar que ante los cuestionamiento que se ha hecho al candidato del PRI a la presidencia, en cualquier otro país estaría acabado.
Resulta en este sentido interesante entender los motivos por los que los ciudadanos parecieran no acabar de definirse abrumadoramente por un cambio profundo en el modelo de desarrollo para el país.
A partir de los pobres resultados entregados a la sociedad por los últimos tres gobiernos priístas (1982-2000) y los dos panistas (2000-2012), que lejos de haber mejorado el nivel de vida de la mayoría de la población, la han empobrecido y sumido en la marginación, la lógica nos llevaría a pensar que de manera natural la oferta del candidato de las fuerzas progresistas debería imponerse de forma contundente sobre las propuestas de los candidatos de los dos partidos que han monopolizado el poder presidencial.
La explicación por la que esto no sucede radica en los temores y prejuicios que grupos de poder económico y político, aliados a los dos partidos que han detentado el poder presidencial, han sembrado en una parte importante del electorado. Me refiero de manera específica al manejo de la información sobre los partidos políticos y sus candidatos que han hecho las dos grandes cadenas de televisión nacionales, una proporción importantes del oligopolio de las radiodifusoras y algunos influyentes medios escritos.
Las empresas concesionarias del espectro radiofónico y televisivo mantienen altas tasas de rentabilidad económica, como lo hacen sus pares, los grandes monopolios en los ámbitos de la telefonía fija y celular, la producción de materiales para la construcción (el cemento y el acero), los servicios financieros, entre otros, gracias a la protección que desde el gobierno se les otorga. En este sentido, la perspectiva de la llegada al poder de un gobierno de compromiso social, que limite los grandes privilegios de que gozan, es visto por ellos como una amenaza para sus intereses. Y al sentirse y asumirse como los dueños del país y quienes le dan rumbo, es que califican a quienes cuestionan sus intereses como “una amenaza para la estabilidad y el futuro del país: un riesgo para México”.
Afortunadamente, los propios avances tecnológicos que tales grupos se han visto en la necesidad de ofrecer al público consumidor, ante el riesgo de que otros lo hagan, ha permitido el acceso de una parte importante de la ciudadanía a fuentes de información y análisis alternas, con una visión objetiva de la realidad de lo que sucede en el país, y en el resto del mundo.
El movimiento surgido a partir de jóvenes universitarios #YoSoy132, tras la fallida vista que hizo el candidato priísta a la Universidad Iberoamericana hace apenas un mes, que ha hecho de la protesta ante el sesgo informativo y editorial de Televisa, Azteca y otros medios, así como su manifiesto rechazo al regreso del PRI al gobierno de la República, dos de sus banderas de lucha, es un fiel reflejo de que a pesar del cerco informativo establecido por los grupos de poder económico y el gobierno en turno, a través de los medios de comunicación electrónica, una proporción cada vez mayor de ciudadanos no se tragan tan fácil cantaleta de que el candidato de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador, es un riesgo para la estabilidad y el futuro del país.
No es, desafortunadamente, la falta de información veraz que llega al ciudadano el único factor que puede incidir negativamente en la conciencia de quienes ejercerán su voto el próximo primero de julio. En un país donde el hambre y la necesidad por lo elemental en el día a día se han generalizado, la posibilidad de comprar el sufragio a los ciudadanos que padecen esa calamidad, se transforma en un riesgo real y definitorio de los resultados de la elección. Por ello, descalificar las advertencias de López Obrador en el sentido de que se prepara un fraude y exigir que el IFE tome medidas para evitarlo, como la prohibición de llevar un teléfono celular o una cámara a la urna al momento de votar, resulta lógico. Sólo las plumas y voceros al servicio de los intereses de los grupos que dominan al país, o los pretensos analistas que desconocen la realidad que se vive en zonas marginales del campo y la ciudad, descalifican talles señalamientos.
El próximo primero de julio votarán por la continuidad del modelo impuesto por el PRI y el PAN los beneficiarios directos del mismo, quienes han comprado el sueño que les han vendido lo medios electrónicos de comunicación, y quienes por necesidad, más no por convicción, sucumban ante la compra del voto a cambio de algún beneficio fortuito, una despensa, una tonelada de cemento, o un puñado de pesos.
Votarán, alternativamente, por el cambio verdadero, por la propuesta de Andrés Manuel López Obrador, quienes crean en el futuro de un México justo y equitativo, en el que todos los mexicanos tengan acceso a niveles óptimos de bienestar; quienes estén conscientes y objetivamente informados sobre la realidad del país, y quienes estén dispuestos a romper con las inercias que se han convertido en vicios.
¡Por el futuro del país, que los segundos constituyamos la mayoría!
enrikito07@gmail.com
Interesante perspectiva vista desde los poderes facticos, abonaria mas el sentir desde la base, ese cumulo de expresiones de diversidad superior a cualquier manifestación de intereses de las cupulas.