Pacto de civilidad

Daniel Márquez Melgoza En un país lejano había una gran ciudad dividida por el cauce de un río de aguas tranquilas, que la cruzaba

Daniel Márquez Melgoza

En un país lejano había una gran ciudad dividida por el cauce de un río de aguas tranquilas, que la cruzaba de punta a punta, de norte a sur. Había en la ciudad una notable afición por el futbol, a grado tal que había dado lugar a que existieran tres grandes equipos que competían en la liga nacional de futbol. El idioma del país de que hablamos es de difícil pronunciación, de manera que en lugar de decir los nombres de cada uno de esos tres equipos recurriremos a la simplificación que había hecho la población misma de esa ciudad, al denominar a uno, el equipo de la margen izquierda del río y a los otros dos, el equipo A y el equipo B de la margen derecha del río. Solución que al conocerla adoptaron con entusiasmo los cronistas deportivos extranjeros, de radio y televisión. Terminaron ellos por llamarlos con una simplificación mayor: el Equipo de la Izquierda (EI) y los equipos A y B de la Derecha (ED)

Aparte de jugar en la liga nacional de futbol, los tres equipos locales cada equis tiempo llevaban a cabo un torneo relámpago que levantaba una gran animación, lo cual daba cuenta de la creciente rivalidad que había ido creciendo entre ellos; es decir, entre sus dirigencias y cuerpos técnicos, así como entre sus fieles y aguerridos seguidores, que querían ver siempre en la cúspide al equipo de sus amores.

Esa animación futbolera había ido creciendo de manera notable en los últimos años, después de un tiempo en que dado que los resultados de los partidos habían llegado a ser bastante previsibles por el hecho de que siempre, lo que se llama siempre, ganaba el mismo equipo A de la margen derecha. De hecho, aunque existía el equipo de futbol de la Izquierda, no se le consideraba para participar en dicho torneo relámpago; éste se llevaba a cabo sólo entre los dos equipos de la margen Derecha. Con el tiempo los directivos de ambos equipos de la Derecha acordaron invitar también al equipo de la Izquierda, que bastante ruido había venido haciendo para que lo tomaran en cuenta; su incorporación al torneo contribuyó al nacimiento de una sana y verdadera rivalidad, lo que llevó a convertir dicho torneo en algo en verdad interesante en la vida deportiva y social de la ciudad de ese lejano país.

Pasado un buen tiempo llegó a crecer tanto la rivalidad entre esos tres equipos que la animación por los torneos relámpago se llegó a convertir en gran negocio para muchos: para los dueños y los dirigentes de los equipos, para los federativos del futbol, para el cuerpo de arbitraje, para las uniones gremiales de futbolistas, para las empresas de radio y televisión que transmitían los partidos, para los anunciantes de publicidad, para algunos ciudadanos que hacían su agosto durante esos torneos con la venta de artículos relacionados con los jugadores, para los vendedores de bebidas y botanas dentro de los estadios, etcétera…

Dado que de un tiempo a cierta parte hizo su aparición la violencia en los estadios durante la realización del referido torneo relámpago, en una ocasión alguien propuso como solución la firma de un pacto de civilidad. Se armó entonces una discusión sobre la pertinencia de la firma de dicho pacto entre los dirigentes de los equipos.

Hubo los que se oponían a la firma de dicho pacto porque argumentaban que no era necesario. Se preguntaban: ¿qué origina esa inconformidad, que deviene luego en violencia verbal y eventualmente amagos de violencia física? Y se contestaban: la falta de aplicación justa, objetiva, imparcial, del Reglamento de Futbol (RF) por parte de la autoridad arbitral. Si la Comisión de Arbitraje no hace aplicar bien el RF, lo lógico es que el jugador, el equipo, su dirigencia y su público reclamen con justicia; si el árbitro aplica criterios distintos para los jugadores de uno y otro equipo, cómo no van a reaccionar con violencia los jugadores y la gente que los sigue, exigiendo justicia arbitral.

“A mí me tocó ver cosas raras en uno de esos partidos”, me comentó un federativo de futbol que por obvias razones pidió el anonimato. “El árbitro todo el tiempo estuvo favoreciendo a uno de los equipos; a los jugadores del equipo contrario les marcaba faltas inexistentes, no les concedía la ley de la ventaja, permitía que los golpearan con disimulo y hasta con descaro, les anulaba goles y acosaba de manera verbal a los jugadores por hacer demostraciones de inconformidad por sus arbitrarias decisiones arbitrales… No es necesario que mencione a qué equipo hostilizaba y a cual favorecía”, dijo mi informante.

Decían, pues, los opositores del pacto, qué necesidad hay de un papel para que firmen por igual los que ofenden con prepotencia el RF, como los que lo acatan apelando al fair play, que es lo que los guía en las competencias futboleras. Ya vieron lo que sucedió en el torneo relámpago anterior, y lo más seguro es que se repita en el de este año.

A quién se le ocurrió la idea de la firma del pacto de civilidad, preguntaban sus opositores. Al presidente de la Liga de Vendedores de Bebidas y Botanas, dijo uno por lo bajo, deseando que no lo identificaran con su voz. ¿Y qué dijo el árbitro, estuvo de acuerdo?, preguntó otra voz. Tan estuvo de acuerdo, que cuando los dirigentes de los tres equipos anunciaron su voluntad de firmar el pacto, el presidente de la Comisión de Arbitraje brincó de júbilo diciendo que la firma de ese documento será un mensaje alentador para el ambiente deportivo y social de la ciudad de ese lejano país.

Vergüenza le había de dar, pues él con las acciones y omisiones al frente de la Comisión de Arbitraje da lugar para que alguien tenga esas ocurrencias. Si trabajara como es debido, que para eso se le paga un dineral a él y a todos sus comisionados, esos torneos transcurrirían en santa paz y para el engrandecimiento de este deporte nacional.

“Lo que no entiendo es por qué el dirigente del equipo de la Izquierda aceptó firmar ese documento, después de la tranza que le hicieron en el torneo pasado, más lo que se está viendo venir en la organización del torneo de este año”, hizo saber alguien con voz dura. “Es que está seguro de que tras la experiencia pasada, su equipo se organizó y fortaleció en todas sus líneas, con lo cual se cree capaz de superar triquiñuela y media que pretendan hacerle para impedir el triunfo de su equipo este año”, presumió estar enterado, otro.

Alguien que no había opinado antes, expresó: “pareciera no darse cuenta de la trampa que le están tendiendo: le quieren amarrar las manos para que después no tenga para a dónde hacerse, cuando quiera reaccionar ante las mismas fregaderas (usó otra palabra el de la voz). Tú firmaste el pacto, prometiendo esto y aquello…”, le dirán, poniéndolo en mal ante la opinión pública, como para confirmar todo lo malo que han venido diciendo de él a sus espaldas en los medios.

Y qué, ¿el que propuso el pacto tiene autoridad moral para ello? Por qué lo preguntas. Porque para mí no la tiene. ¿Qué no es el mismo que se estuvo metiendo a la cancha cada vez que veía venir los goles contra su equipo? Ah, sí, es verdad. Y claro, el árbitro suspendía la jugada y salvaba al equipo de la Derecha de recibir goles. Ahora se puso elegante y propuso el pacto de civilidad. ¿Tú crees que a diferencia de ayer, ahora lo anime un propósito positivo? Lo vi en sus ojos y le contesté, yo tampoco.

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  1. LOS PRIISTAS SON LOS TRAMPOSOS NI SE HAGAN…!! VOTA PAN!!

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