El estreno de Bastián y Bastiana, semilla sembrada para el desarrollo de la ópera

Érick Alba Fueron los niños los que aceleraron el contacto real entre actores y público en el estreno de Bastián y Bastiana, la obra

Érick Alba

Fueron los niños los que aceleraron el contacto real entre actores y público en el estreno de Bastián y Bastiana, la obra operística mozartiana que es la primera de las dos que se presentarán en Michoacán este año, y que se estrenó este miércoles en el Teatro Stella Inda, en la ciudad de Morelia, en espera de la segunda, Elixir de Amor, el sábado en el Teatro Obrero de Zamora.

La puesta en escena surgida del Festival de Opera y Canto Ars Vocalis México, y desarrollada por cantantes enlistados como alumnos en el mismo programa y con apoyo de la Orquesta de Cámara de la Universidad Michoacana, así como del director de escena Rafael Félix, llenó el teatro moreliano en su única presentación en la capital michoacana, con una notable y pertinente presencia de niños, que es precisamente el sector en el que Ars Vocalis busca dejar la semilla de la ópera para el largo plazo.

La obra perteneciente al género del singspiel, semejante a lo que es la zarzuela en España, o la opéra-comique en Francia, y distinta de la ópera bufa pues las partes habladas no son en recitativo, atrajo rápido la atención de los infantes al ver en el escenario a actores representando ovejas, a la llorosa pastorcita Bastiana (Dora Isel Garcidueña), al imberbe Bastián (Emilio Castellanos) y al malicioso Colás que raya en lo pícaro (Omar Nieto) en diálogos y lenguaje verbal bastante ilustrativo para ellos.

Pero más allá del grado de atracción que ejerció el montaje entre ese sector, la obra sirvió en realidad para mostrar los avances de un programa que va sólo en su segunda emisión anual y que ya es capaz de ofrecer productos terminados con un elenco que ayudó a educar, y que ciertamente se mantiene en ese mismo proceso, pero que ya está en la capacidad de ofrecer un espectáculo operístico que es accesible a la comprensión general y al mismo tiempo con la calidad suficiente para hacerlo circular por distintos escenarios, los michoacanos en este caso y sólo por el momento.

Es de resaltar que en las arias y canciones grupales integradas en la obra no están presentes muchas de las aportaciones técnicas que Mozart hizo a la música occidental a lo largo de su fructífera vida, como los desarrollos temáticos por medios tonos y la engañosa armonía a simple vista sencilla pero profundamente cerebral, y que incluso los visos de un tímido contrapunto insertado en la orquesta en medio de la forma abiertamente homofónica carece de los alcances que obtuvo el genio de Salzburgo al final de sus días.

Sin embargo, la explicación a todo eso es sencilla: Mozart compuso Bastián y Bastiana cuando era todavía un niño de 12 años de edad, lo que exculpa que todavía no llegaran a su pluma todos esos avances en la técnica de la composición que heredaría al mundo, y que incluso el discurso musical mantuviera con mayor énfasis el sentido lúdico que jamás le abandonaría.

Por lo que toca al trabajo de los operistas como arriba se dijo, son notorios sus avances, así como el camino que todavía deben recorrer hasta alcanzar la madurez vocal, como en el caso del tenor Emilio Castellanos, quien ya empieza a adquirir un registro agradable pero que todavía no es pleno, mientras que Dora Isel Garcidueña, como poseedora de un timbre agradable y con una representación histriónica que convierte a su personaje en una niña adorable, aún debe ir en búsqueda de la potencia, algo en lo que Omar Nieto parece tener mayor dominio.

Por último, se deben mencionar dos puntos fundamentales para el éxito del montaje: la dirección de Rafael Félix, quien encontró la vía para llenar el espacio escénico al unir y separar a los personajes y acentuar en ellos el lenguaje corporal, e incluso sorprendiendo con intervenciones del coro de ovejas; y el diseño escenográfico en que participó el activsta teatral radicado en Michoacan, José Luis Delgado, pero con importante aportación de jóvenes que el año anterior tomaron un curso sobre diseño escénico multimedia en Zamora, con lo que Bastián y Bastiana representa también el estreno de los nuevos especialistas que pueden aportar nuevos terrenos a la escena michoacana, lo que constituye un ejemplo de la unión de los logros ya alcanzados en esta entidad para ofrecer arte de alta calidad a sus propios coterráneos.

 

Escenificación de Bastián y Bastiana, bajo la dirección de Rafael Félix ■ Foto La Jornada Michoacán

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  1. ¿Y de cuándo acá Félix es director de escena? Lo que hay que ver…

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