Fechas patrias

Arturo Herrera Aunque el Grito de Dolores fue a las 6 de la mañana del 16 de septiembre de 1810 y la Independencia de

Arturo Herrera

Aunque el Grito de Dolores fue a las 6 de la mañana del 16 de septiembre de 1810 y la Independencia de México se logró hasta el 27 de septiembre de 1821, tenemos la costumbre de celebrar la emancipación de México el 15 de septiembre a las 11 de la noche. ¿Por qué?

Quien así lo dispuso fue el presidente Porfirio Díaz en 1895. ¿La razón? Ligar su cumpleaños con los festejos patrios. Varias fechas del calendario cívico fueron implantadas por don Porfirio: entre otras el 5 de mayo, el 13 y el 15 de septiembre. También de Díaz fue la idea de que la fotografía del Presidente de la República esté en todas las oficinas del gobierno.

El oaxaqueño llegó al poder mediante una rebelión armada  que con el lema “¡Sufragio efectivo. No reelección!” derrocó al presidente Sebastián Lerdo de Tejada. Don Porfirio se reeligió y se reeligió y en la plenitud de su poder aprovechó para ligar su cumpleaños con la historia patria. Como cada 15 de septiembre desde la tarde recibía numerosas delegaciones que acudían a felicitarlo por su cumpleaños, en 1895 hizo llevar desde Dolores, Guanajuato, a Palacio Nacional la campana que el 16 de septiembre de 1810 había tañido el cura Hidalgo para hacerla colocar sobre el balcón central y a partir de ese año empató la ceremonia del Grito con la noche del aniversario de su natalicio personal. El historiador británico Paul Gadner confirma el hecho en su libro Porfirio Díaz. Del héroe al dictador, publicado por Editorial Planeta.

La costumbre del Grito la noche del 15 se quedó hasta llegar a confundirse esa fecha con la de la Independencia nacional y celebrarse con bigotes postizos, sombrero de petate gigante con la leyenda “¡Viva México cabrones!, tragos de tequila al son del mariachi y pozole bien picoso. Una canción de José Alfredo Jiménez dedicada a la Independencia se llama 15 de septiembre.

Cada año en la tele pasan reportajes que afirman que Miguel Hidalgo inició la gesta de la independencia esa noche, y ¡barbaridad!, en la página web de la Secretaría de la Defensa Nacional se señala: “La noche del 15 de septiembre de 1810 pasó a la historia como uno de los acontecimientos más significativos para nuestro país, ya que en esa fecha tuvo lugar el “Grito de Independencia”, hecho protagonizado por el Padre de la Patria, don Miguel Hidalgo y Costilla, en la población de Dolores, Guanajuato”.

A Porfirio Díaz también se debe el mito de los Niños Héroes y la defensa heroica del Castillo de Chapultepec. En 1878 se organizó el acto cívico del 13 de septiembre; ahí, el poeta Manuel Raz Guzmán en una pieza oratoria declamó ante el presidente Díaz: “pero tú, Melgar… rodeado de enemigos les disparas tu arma, y no teniendo esperanza, antes que rendirte te envuelves en el pabellón nacional y presentas tu pecho juvenil a las balas del invasor”.

La versión cambió con el paso del tiempo; luego se dijo que el que se había envuelto en el lábaro patrio fue Juan de la Barrera y finalmente el acto quedó como hazaña de Juan Escutia. La verdad es que la bandera del Castillo de Chapultepec fue tomada por los estadunidenses y se encuentra como trofeo de guerra en la Academia Militar de West Point en Estados Unidos.

En el Castillo de Chapultepec, sede entonces del Colegio Militar, el ambiente que privaba en septiembre de 1847 era de temor. Nicolás Bravo, encargado de la defensa del Castillo, es fulminante en su testimonio al describir qué ocurrió previamente al ataque de los estadunidenses. Refiere: “la moral de la guarnición del Fuerte [era baja], hasta el grado de considerarse acobardada e incapas (sic) de hacer la resistencia debida”.

Bravo cayó prisionero de los norteamericanos y después enfrentó un proceso por su derrota; en el juicio promovido en su contra por Antonio López de Santa Anna dejó asentado (se respeta la ortografía original): “se comprehende por esto el resultado que tubo no acceder á mis repetidas súplicas para el relevo de la acobardada tropa que guarnecia el Fuerte. En tal estado las fuerzas no eran capaces de reepeler al enemigo y apesar de los esfuerzos mios y de algunos Gefes nos abandonaron con muy pocas escepciones en el momento mas crítico; […] Mi atencion en el momento del asalto estaba fija en animar y contener á la acobardada tropa para reepeler á los americanos que asaltaban el Fuerte por el lado del bosque; opuesto á la puerta del rastrillo…”

No hubo unidad nacional. En 1847 había estallado la llamada “Rebelión de los Polkos”, con el ejército norteamericano en las goteras de la ciudad de México, los mexicanos peleaban entre sí.

A más del asunto de los “polkos”, durante la guerra de intervención norteamericana ocurrieron otros sucesos relevantes: el Batallón de San Patricio, integrado por soldados norteamericanos de origen irlandés, al final combatió por la causa de México; el gobernador de Michoacán, Melchor Ocampo, con los escasos recursos de la entidad, dispuso la formación del Batallón de Matamoros para acudir a la defensa del país; los mandos de la Iglesia católica negaron al presidente Gómez Farías un préstamo para los gastos de la defensa; Miguel Lerdo de Tejada (luego uno de los inspiradores de las Leyes de Reforma) ofreció un banquete en el Desierto de los Leones al comandante de las fuerzas invasoras, el general Winfield Scott, para proponerle aceptara ser Presidente de México una vez que se firmaran los tratados bilaterales.

En 1992 un grupo de historiadores profesionales elaboró nuevos libros de texto gratuitos para quinto y sexto año de primaria; en ellos los Niños Héroes no aparecían, la razón que esgrimieron los investigadores fue que no había ninguna prueba de su existencia. Pocos libros alcanzaron a distribuirse, los demás fueron embodegados.

México tiene como tarea pendiente enfrentar su propia historia.

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