Misiones Culturales: su historia y sus retos actuales

• “Impulsan el mejoramiento cultural y profesional de los maestros y el bienestar para las comunidades”

Redacción

Las Misiones Culturales han constituido un hito para las estrategias pedagógicas en México. Entre 1920 y 1950 tuvieron una función destacada al difundir la cultura por todo el país y se caracterizaron, sobre todo, por el acercamiento con la comunidad al desempeñarse como instancias educadoras de adultos.

Uno de los impulsores de este servicio en Michoacán y en el país es el maestro Filiberto Vargas Tentory, quien comparte su trascendente experiencia en torno a dicha cruzada educativa y plantea los retos que este sistema debe enfrentar en la actualidad para seguir vigente y con un profundo impacto social.

–¿Cuáles son los antecedentes de las Misiones Culturales?

–La Secretaría de Educación Pública se creó por decreto del señor presidente Álvaro Obregón el 3 de octubre de 1921, siendo el primer secretario José Vasconcelos Calderón. La estructura de la SEP incluía, entre otros, 31 nombramientos de delegados instaladores de las escuelas rurales, tres maestros de enseñanza primaria y normal, tres inspectores generales, seis maestros instaladores (de las escuelas rurales) y 50 maestros misioneros ambulantes.

“Estos maestros, difusores de la educación, lograron reunirse en septiembre de 1922 en lo que bien se puede designar como el Primer Congreso de Maestros. ‘La tierra como fuente suprema de bienestar económico y moral’ fue el lema de los maestros asistentes a este congreso.

“Tierra y escuelas fueron la demanda de la población rural de México después de la Revolución. En las escuelas rurales se daban cursos diurnos y nocturnos, y se les denominó Casas del Pueblo, en las que se impartían conocimientos agrícolas de carácter práctico, según la región donde operaban”.

–¿Cuándo y para qué se crearon las Misiones Culturales y las Casas del Pueblo?

–En octubre de 1922, Roberto Medellín, jefe del Departamento Escolar, promovió el Primer Cursillo de Orientación para Maestros Rurales; en él se estableció como norma que la escuela rural no puede desarrollar su función educativa si los maestros no enseñan el cultivo de la tierra y pequeñas industrias, así como ocupaciones que se derivan de la agricultura.

“Cuando el secretario de Educación fue a informar al presidente Obregón acerca de las Casas del Pueblo, José Vasconcelos insistió en la necesidad de enseñar a leer, a escribir, a contar y a conocer la historia.

“Producto auténtico de la Revolución fueron las Casas del Pueblo, nombre que desgraciadamente perdieron para llamarse Escuelas Rurales; no fue sólo un cambio de nombre, sino el inicio de la pérdida de su esencia.Enseñar a vivir fue la finalidad fundamental de las Casas del Pueblo. Enseñar a vivir en el acontecer cotidiano de la comunidad, con un programa muy concreto: la resolución de los problemas de la vida de la comunidad. La comunidad era la escuela, la escuela era la conciencia de la comunidad”.

–¿Qué datos tiene de la primera Misión Cultural?

–En octubre de 1923, el secretario de Educación, José Vasconcelos, aprobó el Plan de las Misiones Federales de Educación que presentó el diputado José Gálvez, quien recibió para este plan el apoyo destacado de la maestra chilena Gabriela Mistral, que en esos días estaba de visita en nuestro país.  El primer grupo de maestros misioneros creado con la denominación oficial de Misión Cultural Federal, fue en octubre de 1923. Sus nombramientos los expidió Enrique Corona Morfín, jefe del Departamento de Cultura Indígena.

“La primera Misión Cultural estuvo integrada por: un jefe, el ingeniero Roberto Medellín; un profesor de Educación Rural, Rafael Ramírez Castañeda; un profesor de Jabonería y Perfumería, Isaías Bárcenas; uno de Curtiduría, Rafael Rangel; uno de Agricultura, Fernando Albitai; uno de Canciones Populares y Orfeones, Alfredo Tamayo, y uno de Educación Física y Encargado de las Prácticas de Vacuna, doctor Ranulfo Bravo.

“La primera Misión Cultural inició sus labores formales el 18 de octubre de 1923. Su trabajo estaba encaminado a impulsar las tareas de tres grupos que recibirían la enseñanza: uno, el grupo de los maestros rurales; otro, el grupo de vecinos que deseaban aumentar sus conocimientos; y el tercer grupo,  los niños que asistían a la escuela primaria.

“Los primeros grupos los integraban como misioneros, maestros ameritados por su profesionalismo, por su honestidad y por su apasionada entrega al servicio de la educación nacional. Los cursos para estos maestros tenían los siguientes objetivos: Mejoramiento  cultural y profesional de los maestros en servicio; Mejoramiento de las prácticas domésticas de la familia; Mejoramiento económico de la comunidad mediante prácticas agrícolas y pequeñas industrias; Saneamiento del poblado.

“El éxito de las misiones hizo posible que en febrero de 1926 la Secretaría de Educación Pública creara la Dirección de Misiones Culturales al frente de la cual se nombró a la profesora Elena Torres, experta en trabajo social y educación rural.

“Así fue como se impulsó el mejoramiento cultural y profesional de los maestros en servicio, y al mismo tiempo se promovió el bienestar y progreso de las comunidades.

“El trabajo a desarrollar por cada Misión Cultural estimó conveniente dar como instrucciones el mejorar la preparación académica de los maestros en servicio y organizar convenientemente la hora de la lectura en la biblioteca; mejorar la preparación profesional de los maestros, dando especial atención a la técnica de la enseñanza, así como a clases de demostración; propagar el Programa de Política Educativa de la Secretaría de Educación; inspirar a los maestros el ideal de mejoramiento del servicio educativo, mediante asambleas sabatinas, además de mejorar las condiciones de la comunidad en que se instale la misión, en los aspectos materiales, económicos y sociales.

“Durante los años de 1933 y 1934, las Misiones Culturales se adscribieron a las Escuelas Normales Rurales y a las Centrales Agrícolas. Su labor se concentró en los maestros y comunidades que formaban la zona de influencia de cada institución. En 1938 se suspendió su servicio, por instrucciones del entonces presidente Lázaro Cárdenas.

“En 1942 se redactaron las bases para la organización y funcionamiento de las Nuevas Misiones Culturales, que fueron en total 30, 20 rurales y 10 especiales como la que se destinó a los obreros para atender problemas de tipo urbano. En 1944, las Misiones Culturales brindaron un apoyo importantísimo a la Campaña Nacional contra el Analfabetismo”.

–Dentro de los aspectos educativos de las Misiones Culturales, ¿qué se requiere hoy para incorporar a las comunidades a la vida productiva?

–En la actualidad se advierte una desinformación ideológica que ha impedido un trabajo de mayor profundidad en el medio rural. Para ello considero necesario la realización de seminarios operacionales, la formación de recursos humanos para los medios rurales,  la realización de investigaciones aplicadas a la educación, así como la conformación de equipos mixtos para el asesoramiento directo en el propio terreno en los programas de desarrollo económico y social del gobierno de México.

–Cuando usted  fue secretario de Educación en el Estado, ¿cómo impulsó las Misiones Culturales?

–Durante el tiempo que estuve al frente de la Secretaría de Educación las Misiones Culturales adscritas a Michoacán realizaron labores de positiva trascendencia dentro de sus zonas de influencia, no obstante los insuficientes recursos económicos y materiales destinados a este servicio. Se impulsó su trabajo, entre otras cosas se les facilitó el arreglo de sus medios de transporte y la organización de reuniones de capacitación misionera.

–¿Qué opina de las actuales Misiones Culturales?

–Considero que debe revisarse la organización y el funcionamiento del Servicio de Misiones Culturales: nuevos planes de trabajo, capacitación de los misioneros, estímulo al desempeño, evaluación de las labores, reorganización de la estructura, revisión del arraigo de los misioneros, recoger las plazas de comisionados fuera del servicio y actualizar el sistema de supervisión.

“No es la época ni se aconseja que vuelvan con su antiguo propósito, pero sí es necesario replantear su función porque son un servicio positivamente importante para el medio rural y para el medio marginado. La necesidad de educación para adultos es igual que antes, para obreros, campesinos, comerciantes.

“En Michoacán hay un campo fértil con 5 mil comunidades marginadas de menos de 500 habitantes. Se han focalizado 30 municipios altamente marginados, ahí deberían estar las Misiones Culturales. Finalmente, considero que en todos los niveles y modalidades se necesita reavivar la pasión por el servicio”.

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